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Cara a cara Z-Rajoy

Las secuelas del debate

Seamos realistas. El análisis político no puede confundirse con nuestras preferencias democráticas e ideológicas, aunque no podamos jamás desembarazarnos de ellas por completo. Levantemos, pues, acta de dos circunstancias del debate entre Rajoy Zapatero. La primera: los dos actores representaron su papel en la televisión. La segunda: los periódicos reflejaban quién lo había hecho mejor. Si todas las elecciones se reducen al debate del lunes en televisión, convendrá conmigo en que Zapatero es mejor actor que Rajoy.

¿Significa eso que ganará las elecciones? Quizá. Quién sabe. Pero, a pesar de la importancia que tiene la mercadotecnia política en unas elecciones, este asunto es menor comparado con las portadas de los periódicos nacionales del martes. Ninguno daba vencedor a Rajoy. La Vanguardia, El País y Público eran taxativos. A Rajoy no le concedían nada. Normal. Están en campaña y defienden a su candidato a muerte. Había, sin embargo, datos relevantes en sus informaciones. Lejos de despreciar las informaciones de esos periódicos, sería menester tenerlas en cuenta para contrastarlas, discutirlas y, en su caso, rebatirlas. Excepto descartarlas por meramente ideológicas, o sea, falsas, la prensa crítica debería tenerlas en cuenta si no quiere quedarse vacía de contenidos y llena de intuiciones que no corresponden con la realidad política del país. Además, sería una manera de prepararse para lo que se nos viene encima el día 10 de marzo.

Por otro lado, es más que conveniente, empieza a ser una necesidad para nuestro buen gobierno mental, pasar revista a la prensa socialista para contrastarla con la prensa más democrática, por decir algo, que trata de acercarse a las propuestas de los candidatos con menos ferocidad partidaria. En otras palabras, ¿qué decía el martes la prensa de papel más cercana a Rajoy? Nada demasiado bueno para el candidato del PP nos ofrecían las portadas de ABC, El Mundo y La Razón; por ejemplo, ABC titulaba en la portada: "Rajoy resiste un debate que Zapatero intentó convertir en bronca." Parecía como si este periódico no se atreviese a defender a Rajoy. Tampoco El Mundo estaba muy entusiasmado al decir: "Rajoy reta en vano a Zapatero a que defienda el español en Cataluña". El largo titular de la portada no acertaba a ocultar su verdadera opinión: "Esta vez Zapatero ganó muchos enteros, pero no arrasó."

Y, sin embargo, ninguno de esos datos determina que pasará el día 9 de marzo. Por lo tanto, no perdamos las esperanzas... No caigamos en la trampa de confundir las expectativas –¿quién creemos que ganará?– generadas por la prensa socialista y afín con las preferencias –¿quién preferimos que gane?– de los electores más demócratas. Esperemos que sea una mayoría quien se niegue a votar a un partido que se considera el "eje central de España", según reconoció el propio Rodríguez Zapatero, porque eso significa el fin de la nación española.

Zapatero, sí, dejó claro que España, la nación, es lo que diga el PSOE. Punto. He ahí la principal oferta electoral del PSOE: sustituir el Estado-nación por el Estado-Partido. Eso siempre se llamó leninismo. Nada por encima ni al margen del partido. Leninismo, sí, es un "sinónimo" político de totalitarismo. El domingo nos confrontamos, otra vez, a drama clásico de España: totalitarismo o democracia.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.