Opinión
Noticias y opinión en la red
PP

Límites populistas

Las reformas que lleva a cabo el Gobierno para frenar la crisis económica están poniendo a prueba no sólo a la oposición, sino a todo el sistema político como sistema democrático. No es necesario ser un virtuoso en el manejo público de la palabra para desmentir a quienes acusan al PP de caer en contradicciones. Es obvio que la acusación está fundada en la realidad. El PP no tiene un discurso coherente ante el cambio radical de política económica del Gobierno. Es normal, ante el desarrollo de la crisis, que el PP caiga en contradicciones. ¿Cómo no reconocer que Zapatero, obligado por la UE, trata de llevar a cabo la política que, millones de ciudadanos, suponíamos al PP, o que a veces, dicho en honor a la verdad muy pocas veces, había formulado el partido de Rajoy de modo más o menos explícito?

Sería absurdo no reconocer esos cambios imprevistos y contradicciones en la oposición. En cierto sentido, podría mantenerse otro tanto de los cambios, virajes y bandazos del Gobierno. Pero, por suerte para la democracia, ya no es tiempo de detenerse a criticar las contradicciones de políticos más o menos ineptos para gobernar. Por lo tanto, quien trata de distraer nuestro tiempo dando vueltas sobre las contradicciones del Gobierno o del PP, en esta nueva etapa de la legislatura, demuestra una arrogancia tan grande que no está exenta ella misma de estupidez. Las contradicciones son propias de la esencia de la democracia, pero es que no caer en ellas, especialmente si tenemos en cuenta la gravedad de la crisis, definiría a una panda de asesinos y botarates sin otro objetivo que seguir arruinando al erario público.

Peor que las contradicciones de los partidos ante la situación de quiebra del país es, en mi opinión, aparentar coherencia. Ahí tanto el PSOE como el PP están quedando con las vergüenzas al aire. Las apariencias de Zapatero están llevando a su formación al grito de guerra: ¡Sálvese quién pueda! Y en el caso del PP, ojalá me equivoque, tanto disimulo conduce directamente a sus electores a la confusión absoluta. Ninguna de las dos formaciones políticas quiere reconocer lo esencial: la situación es insostenible sin la mutua y recíproca colaboración. Pero, sobre todo, uno y otro tratan de penetrar con sus eslóganes en ámbitos que no son propiamente "políticos". Los dos grandes partidos políticos tratan de mantener permanentemente movilizados a todos sus potenciales electores, cuando de lo que se trata ahora es de salir de una situación de emergencia nacional.

Creo que España es el único país de la UE que las medidas económicas contra la crisis, aparte de llegar tarde y obligadas, no cuentan con el apoyo de la oposición. Puede que el Gobierno este conduciéndose con absoluta irresponsabilidad, pero eso no significa que la oposición tenga que escenificar y simular un acercamiento a los sindicatos a la vez que trata de mantener sus antiguas posiciones. Aquí, por desgracia, los partidos políticos españoles son más de talante populista que democrático, se avergüenzan de sus ambigüedades antes que de sus torpezas. En verdad, son formaciones antidemocráticas, porque son incapaces de denunciar el relativismo y la falsedad en que pudieran haber caído, como dice Lefort, sin abandonar el sentido de relatividad que todo sistema político de carácter totalitario se esfuerza en destruir. Eso sí que es criticable, porque nos está llevando a la muerte de la política. De la democracia.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.