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Recusación de Pérez Tremps

Los profesorcitos del Constitucional

Corran a ver la exposición de retratos en el museo Tyssen de Madrid para entender la política española. Las caras, por no hablar de otras partes del cuerpo humano, revelan quienes somos. La cara no es, como creen algunos, una máscara. El rostro es todo. Sinceridad, bondad, vicio, virtud, en fin, cientos de caracteres están escritos en el rostro. Rápidamente asocié los rostros de la exposición a personajes públicos de la vida española. Recordé algunos de ellos y me dieron miedo. Producen horror, sobre todo, cuando sus gestos van acompañados de palabras. Resultan terribles. Son personajes que nos miran por encima del hombro. Nos aterran.

En un periódico del sábado, al lado de un documento firmado por 45 profesorcitos contra la recusación de Pérez Tremps, vi por casualidad el rostro de la presidenta del Tribunal Constitucional. Me quedé estupefacto. Supe al instante por qué esta institución está en almoneda. El rostro contraído, amenazante y resentido de la presidenta me dice tanto sobre el estado del Tribunal como las firmas ideológicas, interesadas y corporativistas de los profesorcitos de Derecho Constitucional. Por cierto, me gustaría contemplar los rostros de los firmantes para contrastar la coincidencia de sus intenciones con los de la presidenta del Tribunal, o con las de los magistrados Manuel Aragón y Elisa Pérez Vera, por poner algunos ejemplos.

¿Quizás los rostros de los firmantes nos dirían más sobre su pertenencia a una determinada "escuela ideológica" totalitaria, no importa ahora que sea schmittiana o marxista, que a una tradición intelectual que hizo de la ciencia una vocación, un destino, una ética, la weberiana? Recuerdo el retrato adusto de un Max Weber, el más honrado jurista y científico social de todos los tiempos, y lo comparó con algunos de los firmantes de este escrito contra la recusación a Pérez Tremps y me asusto. Estamos rodeados de ideólogos proclives a la defensa del totalitarismo. El Tribunal Constitucional, como la universidad española, están tomados por esta gente; pero, a veces, como es el caso de la recusación de Pérez Tremps, se producen disfunciones, o sea, medidas sensatas, y entonces se ponen en pie de guerra. Este manifiesto no tiene otra lectura. Es una forma de presión ideológica para que el Tribunal Constitucional siga dependiendo de los socialistas. Quieren hacer pasar por ciencia lo que es sólo basura ideológica y propagandística. Dicho en castizo: son unos caraduras.

El Tribunal Constitucional español es una de las instituciones más desprestigiadas de nuestro sedicente Estado de Derecho. Pocos son los magistrados no contaminados por la política socialista –algunos hablarían del totalitarismo izquierdista–, que pretende transformar la nación española en una confederación de naciones. Pocos podrían dictar una sentencia sin estar sometidos a las presiones ideológicas impuestas por la principal empresa de la política española, el PSOE. No pondría la mano en candela por más de cuatro magistrados de los doce que componen este curioso tribunal, que perdió toda su credibilidad con dos sentencias de infaustos recuerdos: la sentencia de expropiación de Rumasa y la sentencia que prohibía a los jueces elegir los miembros del Consejo General del Poder Judicial. Esos son sólo dos ejemplos de la conversión, o mejor, la degradación de una institución, que podría haber sido un sostén de la democracia, en una cloaca de intereses socialistas y personales. Ni que decir tiene que también habrá, como me enmendaría el profesor Nicolás, magistrados vinculados ideológicamente al PP; sí, pero aparte de que son menos, yo apenas noto que sus decisiones estén maltratando la Constitución.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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