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Marsé y Goytisolo

¿Permitiría el controlador final del proceso de selección de los premiados, el ministro de Cultura, que entrase en liza un autor políticamente incorrecto y al margen de la corriente socialista? Lo dudo.

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Siempre he leído a Marsé con gusto. Su personalidad también me ha caído bien. Es un gran tipo con problemas de conciencia moral. No creo que le haya gustado nunca su novela La muchacha de las bragas de oro, pero tuvo que escribirla, como se dice en estos casos, para vivir. Marsé nunca ha sido frío. Es un hombre apasionado que, sin embargo, ha dejado de dar batallas morales contra el establecimiento socialista y nacionalista. Es para los poderosos un hombre correcto. En cierto sentido, ha sido para los socialistas un "autor ideal" para concederle un premio como el Cervantes. Nada que ver, pues, este Marsé con Goytisolo, el autor más agrio y, seguramente, más resentido que ha dado el panorama literario español en las últimas décadas; sin embargo, hay algo que comparten Marsé y Goytisolo. Algo que, desgraciadamente, los hace equiparables. Los dos han sido elegidos, premiados, para dar prestigio a las instituciones en general del socialismo, y del Gobierno de Zapatero en particular.

En efecto, la carencia de imaginación es lo peor que llevo de los socialistas. Son tan planos y aburridos en materia de cultura como previsibles y cansinos en la utilización ideológica de cualquier producto de la industria cultural. Se diría que en el ámbito de los premios literarios, es decir, allí donde confluyen la genuina cultura y su utilización política, la maquinaria socialista funciona como los mejores relojes suizos. Previsible fue que el premio Nacional de Literatura fuera a parar a manos del catalán Juan Goytisolo, y previsible ha sido que el Cervantes lo reciba el también catalán Juan Marsé. Los dos premiados comulgan con las políticas de Zapatero, aunque el segundo esté callado. Los dos están en la ideología de la ceja, aunque el primero milite y el segundo la observe con distancia. Los dos han sido equiparados, o sea, recompensados por el jefe del tinglado.

Marsé y Goytisolo son autores políticamente correctos. ¿Significa eso qué no se merezcan sendos premios? No, no, al contrario, se lo tienen muy trabajado. Pocos autores reúnen tantos méritos a juicio de los socialistas como los premiados. No ha habido sorpresas. Todo ha sido lógico. En verdad, sorprende que sea en el terreno de la creación libre e imaginativa, donde el Gobierno socialista resulta más previsible. ¿Obedece esta lógica implacable más a criterios políticos que creativos? ¡Quién lo duda! ¿Domina en los jurados más la adscripción ideológica de los seleccionados que su calidad literaria? Sospecho lo peor. ¿Permitiría el controlador final del proceso de selección de los premiados, el ministro de Cultura, que entrase en liza un autor políticamente incorrecto y al margen de la corriente socialista? Lo dudo; está puesto ahí, precisamente, para que no surja voz alguna discordante con el zapaterismo rampante, o sea, con el sectarismo impuesto por este gobernante en todos los terrenos, especialmente en el de la cultura y la ideología.

A pesar de todo, no quisiera que estas consideraciones críticas restasen méritos a los dos premiados, sino más bien que nos acordásemos de los perdedores, que son más numerosos y que, sin duda alguna, sentirán que el jurado les robó lo que les pertenecía. Creo que los otros nombres que sonaban para los premios, especialmente el de Ana María Matute y Francisco Nievas, eran mucho más críticos y heterodoxos que los premiados. Y, sobre todo, más creativos. Pero, en fin, así es la vida de la triste industria del Ministerio de Cultura socialista.

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