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Partido Popular

Meditación realista

Darse cuenta de lo que ocurre en torno nuestro es una rareza del hombre común. Lo normal es evadirse. Procurar por todos los medios posibles, y les aseguro que hay muchos, sustituir lo real por vanos ideales, suspicacias y sospechas es ya moneda de curso legal en las sociedades ovinas, que aún soportan al hombre cabal y con sentido común. En este tipo de sociedades, aunque cueste creerlo, cualquier cosa parece buena menos hallar el arquetipo, lo que sucede ineluctablemente, a nuestro alrededor. Rara es la virtud de quien reconoce que el 11-M, visto por un observador imparcial, habría sido la consecuencia lógica de una campaña feroz y totalitaria, en las instituciones y en la calles, contra el Gobierno del PP. Rara es la inteligencia, especialmente entre los votantes de la llamada izquierda, de quien admite que el 11-M favoreció la llegada al poder del PSOE. Rara es la valentía de quien se atreve a decir que sin el PSOE en el poder, el Gobierno de España jamás habría permitido a Francia y Alemania suprimir el pacto de estabilidad de la UE.
 
Pero, sobre todo, es raro hallar a alguien que escriba abiertamente que la legitimidad del PSOE en el Gobierno está cada día más dañada, mientras ese partido no sea capaz de asumir que el 11-M fue una catástrofe nacional, seguida de un gran trauma social, de tal calibre que se hace necesario un gran pacto nacional entre los dos grandes partidos para intentar extraer el mayor bien posible de la acumulación de males terroristas. Raro es, pues hallar quien pregone abiertamente que hemos de extraer el mayor bien posible de la tragedia del 11-M. Unos, los más cobardes, quieren borrarlo, como si nunca hubiera existido. Otros, los más envilecidos, quieren seguir sacando rentabilidad electoral, como si fuera culpa del anterior Gobierno.
 
Y, sin embargo, de nada servirán esas apreciaciones, si previamente no reconocemos, insisto, la realidad de la situación política española, o sea, de poco valen mis “opiniones” sin “analizar” o, sencillamente, reconocer los “valores”, las “actitudes” de fe, que encarnan hoy los socialistas respecto al PP. La superioridad del PSOE respecto al PP, aunque suene mal, es su realismo, que debería ser digno de imitación por los “bienintencionados” dirigentes del PP. Por favor, señores del PP, quién de ustedes ha sido el figura que se ha dirigido a Alfonso Guerra para que les ayude en su trabajo de persuasión contra la cruel política de desmembración del Estado que ejecuta, con frialdad calculada, ZP y sus peones nacionalistas. La fuga mundi, la evasión idealista, del dirigente popular que se le haya ocurrido tal simpleza es para mandarlo a casa con sus niños. Aterricen, señores del PP, y hagan política, o sea, creen discursos por todas partes, porque todo es “politizable”, y ejerzan acciones con sus votantes, porque el espacio público es potencialmente de todos, pero no recurran a simplezas colegiales.
 
Lo digo de otro modo: mientras que los dirigentes del PP esperan llegar al poder por los errores del PSOE, ¡pobres ilusos!, e incluso dándoles consejitos a los del PSOE sobre lo bueno que es ser socialdemócratas, ¡hay que ser imbéciles!, los de Zetapé, por el contrario, se autoperciben como una empresa sólo preocupada por los votos. He ahí la diferencia entre un partido moderno, “coge-lo-todo”, y unos “centristas” de boquilla, quizá pardillos, que tienen miedo a la libertad.
 
Otro día, con un poco más de sosiego y para rebatir críticas de los “centristas” del PP, recordaré las diferencias entre los medios de persuasión racional, que también existen, utilizados por el PSOE y el PP para captar votos. En este ámbito, y mira que me cuesta decirlo, el realismo del primero debería ser el arquetipo maquiavélico, o metro de medida, del PP para ganar las próximas elecciones.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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