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Columna publicada el 04-01-2009
Hay individuos que citan en vano, o peor, para adornar sus miserias; otros, por el contrario, citan para aprender y disfrutar. El primer tipo de cita corresponde a un criminal de guante de blanco, alguien que nos hace perder el bien más preciado de los humanos, el tiempo. El segundo tipo de nota es propio de un ciudadano que nos ayuda a pensar y vivir en libertad; nos hace aprovechar el tiempo. Nos ilustra. Acaso por ese argumento, por esa utilización de la cita, aún no he leído el artículo del presidente del Gobierno, Zapatero, publicado en El Mundo. Me lo reservo para mejor ocasión. Quizá para nunca, porque sospecho que me hará perder el tiempo. Aún prefiero vivir a morir a manos de un mentiroso.
He leído, sin embargo, comentarios tan elogiosos como vacuos sobre la prosa que mantiene el firmante del artículo. Algunos de esos comentaristas se han detenido en la cita que hace Zapatero de Hannah Arendt, una pensadora, dicho sea para información de mis lectores, que ayuda a este cronista, desde hace lustros, a sobrevivir los tiempos de indignidad política que vivimos los españoles, a cuya institucionalización ha contribuido de modo decisivo el actual presidente del Gobierno, asistido con desaliño y cinismo por toda la fiel "oposición". Seguramente, ha sido esa cita la me impide leer el artículo de Zapatero. ¿No resulta increíble que alguien que ha hecho de la mentira su principal baza para mantenerse en el poder cite a la pensadora contemporánea que ha convertido la crítica a la mentira política en el fundamento de toda su filosofía política? ¿No debería estar penado que alguien de la ínfima calidad intelectual de Zapatero cite a una de las grandes del pensamiento político de todos los tiempos? ¿Cómo podríamos impedir que alguien del jaez moral de Zapatero manche el nombre de Hannah Arendt?
Porque Zapatero es la negación práctica del pensamiento de Arendt –sí, sí, es el paradigma del mentiroso contra quien lucha toda la obra de Arendt– he preferido releer a la pensadora judía y a sus grandes comentaristas antes que perder el tiempo con el texto que le han escrito al presidente del Gobierno, quien miente hasta cuando cita. Terrible. He releído, por ejemplo, estas certeras palabras de quien siempre consideró que Estados Unidos, a pesar de todo, es la nación moderna que mejor representa su idea de libertad:
Esta cita debería servir de una vez por todas de advertencia para alejar de la política en general, y de la filosofía política en particular, a quien quiera que busque en ellas cartillas ideológicas o catecismos laicos, como los que pretende Zapatero. Lo que nos importa es la libertad y cómo esta idea realmente divina se encarna en modos de vida que no pueden prescindir de ella sino a costa de hacer la vida misma indigna y aborrecible.Volvamos, dice Arendt, una vez más a la Antigüedad, es decir, a sus tradiciones políticas y prefilosóficas, no por motivos eruditos y tampoco para mantener la continuidad de nuestra tradición, sino porque sólo en ella vemos una libertad experimentada en el proceso de actuar y que –por supuesto, la humanidad nunca perdió por completo esa experiencia– jamás se volvió a formular con la misma claridad clásica.
Con la idea de libertad van otras muchas que van a dar a una ambiciosa y, por lo mismo, peligrosa: la de la ciudadanía. Pero eso lo dejo para otra ocasión.
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