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México y la violencia

Es ahora la violencia de los narcos y las mafias trasnacionales, unidas a las torpezas de los panistas Fox y Calderón, quienes pueden allanarle el camino de regreso a un PRI con un nuevo barniz ideológico.

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Vuelvo a escribir desde México. Vengo a participar en un Congreso Internacional de Filosofía Política. Coincide con el comienzo del Centenario de la Revolución. Inmediatamente sale a relucir la cuestión de la violencia. Charlo con mi colega César Cansino, pocos hay como él, en México, para decirnos qué futuro le cabe a una nación con todos los Estados del Norte de la República en guerra con los narcos. Las obras de Cansino sobre la Transición a la democracia en México son de lectura obligatoria para saber qué ha pasado, en los últimos veintes años, y sobre todo qué cabe esperar. Nadie mejor que él para explicar las quimeras del presente mexicano, por ejemplo, su libro El evangelio de la transición (Debate) es una referencia para vislumbrar el negro futuro político de México.

Al momento se me agolpan las preguntas: ¿Regresará o no el PRI al poder? Supuesto que consiguiera alcanzar la presidencia de la República un priista, ¿acabaría la violencia, especialmente la guerra del norte, por un pacto a la vieja usanza entre el capo central y los capos de las viejas franquicias priistas en las federaciones? Todo es posible. Es la respuesta sencilla de mi amigo. Lo cierto, me atrevo a insinuarle, es que la violencia política de antaño, la que va desde el 68 y pasa por los tiempos de Miguel de la Madrid, hasta Zedillo y Salinas de Cortari, que se sentó la bases para acabar con el viejo PRI, puede ahora hacerlo regresar. De la violencia política instalada por 70 años de PRI y cien de Revolución derivan, sin duda alguna, todas las otras formas de violencia, incluida la de los narcos. Acaso, por eso, muchos miran al PRI como mal menor para parar tanto crimen organizado.

La vuelta del PRI a través de la violencia, o mejor, como solución transitoria para detenerla, no deja de ser curiosa y paradójica; sobre todo si recordamos que fue su incapacidad para detener esa violencia la causa principal, entre otras importantes, para perder las elecciones del 2000, que fueron celebradas como el cambio de régimen. En efecto, cuando el PRI no consiguió repartir el queso sin sacar la pistola o, mejor dicho, cuando trató de distribuir el queso con balacera, especialmente durante la presidencia de Salinas que quiso sucederse a sí mismo rompiendo la regla de todos los capos del revolucionario partido, perdió el poder. Aunque es verdad que la presión de la mejor sociedad civil mexicana por un lado, con la colaboración de los suicidas del propio PRI por otro, explican parte de ese fracaso del terrible régimen del PRI, lo cierto es que ahora, paradójicamente, puede volverlo a traer el poder ese otro tiroteo que está por todas partes.

Los tentáculos de la vieja violencia priista son múltiples y poderosos. La aparición de la violencia en los años finales de los ochenta y de los noventa fue, ciertamente, la clave para que desapareciese el sistema, en realidad, esa pesadilla del PRI, de la revolución que nunca acaba; pero, por desgracia, es ahora la violencia de los narcos y las mafias trasnacionales, unidas a las torpezas de los panistas Fox y Calderón, quienes pueden allanarle el camino de regreso a un PRI con un nuevo barniz ideológico.

Ver para creer.

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