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España y la reelección de Bush

Miente la prensa y miente el Gobierno

La victoria de Bush le dicta al sentido común del ciudadano español que la política internacional del Gobierno socialista cambiará. Ojalá. Pero el odio gregario y salvaje del socialismo, del votante socialista, contra EE.UU impedirá durante mucho tiempo ese cambio. Los más pesimistas consideran que tendremos que esperar años para que algo cambie en la política internacional de España. La reacción "instintiva" del Gobierno Zapatero demandando nuevas relaciones con EEUU durará poco tiempo. Son instintos surgidos de un poso de resentimiento. Pronto serán ahormados por la perversidad ideológica de quienes se niegan a aceptar la realidad. Cualquier cosa harían antes que rectificar sus analíticas triquiñuelas. El PSOE, y sus terminales periodísticas, piensan antes en su partido, en sus mezquinos intereses privados, que en la nación española. Ocultar la realidad de EEU.U es todo.
 
Mientras que los intereses de Polanco no se resientan por la política antinorteamericana de Zapatero, ésta no cambiará de táctica ni de estrategia. España entera seguirá sufriendo sus consecuencias. La suerte no está de parte de los ciudadanos españoles. El clientelismo socialista nos domina. El antiamericanismo es su ideología. Su implantación en todos los niveles de la sociedad ha sido uno de los logros de la gente de Zapatero. Un retroceso del socialismo español respecto de los equipos de Felipe González. En épocas pasadas era impensable un antiamericanismo tan extendido como hoy, e instalado en todos los niveles de la sociedad española. En los últimos meses he oído tantos exabruptos contra EEUU, por ejemplo, "soy antinorteamericano y no puedo superarlo", que no sé cómo podría terminarse con ese resentimiento. Ni siquiera sé cómo decirle a estos individuos que su "antiamericanismo" los descalifica como personas. Más acá de la resistencia con dignidad a la que nos ha abocado la política resentida del socialismo contra EE.UU, no hallo fácil camino para salir de este callejón sin salida.
 
Así de duros y agresivos han sido los efectos de la política socialista en la ciudadanía española. Acaso, por eso, tengamos que empezar a decir que nosotros, a diferencia de los americanos, sí que estamos divididos por quien no cree en la libertad. La mentira es el fundamento de la ideología antiamericana. El Gobierno y la inmensa mayoría de los medios de comunicación de España coinciden miserablemente, después de la elección de Bush, en seguir mintiendo respecto a EE.UU. Patético era ayer el grito unánime de la prensa española: "EE.UU, después de la elección de Bush, está dividido". Proyectan nuestra fragmentación, nuestra doble fragmentación, española y europea, sobre un país del que tanto podemos aprender desde su revolución hasta hoy. En efecto, Bush ha ganado limpia y brillantemente las elecciones. Ningún candidato a la presidencia de los EE.UU había conseguido antes un respaldo similar de sus ciudadanos. De toda la nación. No sólo había ganado en voto popular, sino que jamás antes otro candidato había ganado tantos electores por Estado. Además, jamás ningún otro candidato ha tenido que soportar tanta crítica en el interior y fuera de su país, o sea, nunca ha tenido el elector mejor oportunidad para formarse una conciencia crítica del candidato y, precisamente por eso, sale elegido sin ningún tipo de discusión. En fin, nunca había estado el país tan unido en torno a un Presidente como en el caso de Bush, pero la estulticia de los medios de comunicación españoles, o peor, los suministradores de ideologemas para el Gobierno de Zapatero, reiteran aún hoy, después de conocidos los históricos (sic) resultados de las elecciones, que EE.UU está divido, casi enfrentado civilmente, ante la amenaza del terrorismo. Falso.
 
No hay dos opciones, dos formas enfrentadas, de concebir la nación americana. EE.UU es una nación libre con dos grandes partidos políticos unidos en torno a su nación. El "escupitajo" retórico de quienes mantienen de que la nación está dividida es para salir corriendo. Esta gente puede darnos el paseíllo cuando menos lo pensemos. No miente, simplemente, son fieras llenas de odio y con apetito de sangre. Dan miedo. Y, además, no podemos recordarles que los ciudadanos de EE.UU han votado a Bush, más del 78%, por convicciones morales y religiosas, porque no nos darán el paseíllo sino que nos matarán en el acto. Algunos ya lo hacen con su odiosa mirada. Desconocen por completo el valor que la religión tiene para la democracia americana. Jamás han leído a Tocqueville, ese santo laico de todos los demócratas del mundo, que nos mostró el principal valor de la democracia americana: "A mi llegada a los EE.UU fue el carácter religioso del país lo primero que atrajo mi atención... Percibía las grandes consecuencias políticas que se derivaban de estos hechos nuevos. Yo había visto entre nosotros al carácter religioso y al de la libertad marchar casi siempre en sentido contrario. Aquí los encontraba íntimamente unidos el uno al otro, reinando juntos sobre el mismo suelo".
 
Pues eso, amigos, que estando Iglesia y Estados separados y bien separados, la religión sigue sosteniendo la convicciones morales y políticas de un pueblo que las encuentra en la libertad. Mientras, Europa languidece sin ideas y sin libertad; mientras, los europeos firman un Tratado sin reconocer aquello que les ha permitido firmarlo, la civilización cristiana; mientras, Europa muere de tristeza como la paloma del filósofo que esperaba volar sin aire

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