Opinión
Noticias y opinión en la red
Cartas abiertas a la ministra de Cultura, 3

Museos y contemplación

Estimada señora: Aparte de las formas y declaraciones a la hora de sustituir a una persona por otra, reconozco que no entiendo por qué tanta escandalera sobre el cese de Bonet y el nombramiento de Martínez. Quizá existan razones estéticas de fondo, pues háganse públicas y discutámoslas, pero yo, en verdad, no he logrado saber cuáles serían las decisivas para montar esta bronca a favor de uno y en contra de la otra. Creo que usted, como ministra de la cosa, tiene todo el derecho del mundo a poner y quitar a sus colaboradores más estrechos.¡Sólo faltaba que le nombrarán a los directores de dos de los museos más importantes de España! Por lo tanto, le presento mis respetos por su decisión; porque estoy convencido de que Zugaza, en el Prado y Martínez, en el Reina Sofía, han sido personas elegidas concienzuda y libremente por usted sin haber sido sometida a ninguna presión de Serrat o de Calvo Serraller.
 
En cualquier caso, señora ministra, le confieso que debe ser complicado dirigir un museo, sobre todo, si uno aterriza sin saber bien qué cosas estaban proyectadas. En este sentido, hay que alabar la sinceridad de la nueva directora del Reina Sofía, que ha solicitado unos meses para elaborar un “proyecto de lo qué se va a hacer de verdad.” Esperemos que la nueva directora no caiga en una discusión teórica sobre qué es un museo postmoderno, o sobre la importancia de corregir la ampliación del Reina Sofía con criterios del gran arquitecto Hans Hollein, e intente concentrar todos sus esfuerzos en tareas concretas, que para mí, mirón entre mirones, no pueden ser otras que conservar, mantener y exponer al público la obra de arte. Por supuesto, existen otra muchas tareas para la dirección de cualquier museo, por ejemplo, adquisición de obra, ampliaciones arquitectónicas, aperturas de nuevas salas, etcétera, pero lo básico es que el museo cumpla esas tres funciones para que la obra de arte sea recibida decentemente por el público.
 
Sin duda alguna, el museo contemporáneo se ha convertido, en sí mismo, en un objeto museístico, y no seré yo quien le quite la razón al mencionado Hollein u otros reputados arquitectos, pero ahora es prioritario mostrar tranquilamente la obra alojada en el museo. Y porque me encuentro entre esos millones de españoles que a fuerza de adaptarse a situaciones crispadas han desarrollado un carácter contemplativo, le agradecería que contribuyese usted, y sus nombrados directores, a terminar cuanto antes con la “algarada” en esos lugares que tanto bien nos hacen a los que buscamos contemplación antes que agitación. Desconfío profundamente del museo que lejos de ensimismarnos, nos altera y nos hace desconfiar de todo... No se deje, pues, marear por la opinión de cientos de expertos y vaya a lo fundamental, o sea, conserve las obras impecablemente, mantenga correctamente las instalaciones y exponga el máximo posible de los fondos existentes. La reflexión sobre qué tipo de museo es mejor hoy para los españoles me parece interesante, e incluso decisiva para una política cultural digna de un Nación, pero, por favor, no se olvide de nosotros, los mirones, que sólo queremos que nos dejen tranquilos contemplando las obras de nuestros museos.
 
Siempre su amigo