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¿Neopopulismo postmoderno?

Cuidado, pues, con la demonización propagandística de este grupo político que se está llevando a cabo desde todos los medios de comunicación.

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Los socialistas por boca de Alfonso Guerra han llamado "locos" a los dirigentes de Podemos. Los populares por escrito de José María Lassalle han calificado de peligroso neopopulismo postmoderno al novísimo partido político. ¿Son sólo eso? Lo dudo. Quizá tengan alguna razón para expresarse de esta guisa los socialistas y populares españoles. Yo, sin embargo, cuando los escucho hablar o leo sus documentos, no me atrevería a dar esos juicios sumarísimos. Observo con mucho interés, desde hace dos meses, la formación y el desarrollo del nuevo partido político Podemos, y tengo que decir que la cosa es algo más compleja. Trato de liberarme de prejuicios e intento cuestionar mi propia crítica a un partido cuyas señas de identidad originales, a todas luces, de carácter antisistema, no le impiden evolucionar hacia posiciones casi socialdemócratas. La crisis por la que pasa España es de tal envergadura que nos debería abrir antes al diálogo, a la política, entre todas las fuerzas políticas que a la exclusión de alguna de ellas. La demonización de Podemos es un flaco favor a la política.

Sí, los anatemas sumarísimos no valen más que para hacer mala propaganda. Podemos, nos guste o no, forma ya parte del sistema político y como tal hay que analizarlo. Atendamos con rigor a sus propuestas y respetemos lo real. Lejos de mí, sin embargo, mantener aquí que estamos ante la formación de un "partido socialista bis" para el siglo XXI, tampoco podría afirmar con rotundidad que asistimos al nacimiento de un nuevo partido socialdemócrata, capaz de ofrecer alguna solución a la mayor crisis que padece España en su historia reciente. Ojalá fuera así. Yo solo digo que no tengo una opinión formada, tajante y radical sobre el futuro de esta formación, entre otros motivos, porque falta un asunto capital para evaluarla. Todavía no está elaborado su programa político. Aunque parezca increíble, el partido que aparece en las encuestas como el tercero aún no tiene programa. Un motivo más para tomarlo en serio, pero sin hacer aspavientos.

Mientras no tengamos a la vista una línea programática bien definida, difícilmente podemos opinar sobre sus diagnósticos y pronósticos para este país. Claro que se pueden hacer conjeturas y juicios de valor, respetables sin duda en el ámbito privado, pero que aportan poco en la esfera pública, allí donde el ser humano se juega su autenticidad. Cuidado, pues, con la demonización propagandística de este grupo político que se está llevando a cabo desde todos los medios de comunicación de la derecha y de la izquierda. Cuidado, sí, porque podrían estar haciéndole más un favor que una crítica. Y cuidado, sobre todo, porque no corresponde con lo que está pasando en la sociedad. Las condiciones históricas, objetivas, dicho en lenguaje marxista, juegan a favor de Podemos y cuestionan las opiniones basadas en conjeturas irrefutables. Pero, además, esas mismas condiciones obligarán a los dirigentes de Podemos a discutir con mayor responsabilidad su primera misión, que no era otra que remover las bases del sistema democrático, para adaptarse a las nuevas demandas de sus militantes, simpatizantes y futuros electores. Por cierto, la transformación de ese discurso primigenio l se está haciendo con celeridad y, afortunadamente, con ánimo pragmático y viable. Por fortuna la Realpolitik ya convive con la "retro- utopía", perdón por el palabro, que conformaba el primer impulso de este partido. Esto no es la República de Weimar ni Podemos representa a los nuevos Espartaquistas; por ejemplo, fíjense que el discurso del sábado de Pablo Iglesias ya no hubo críticas al PSOE. Un detallito.

Más allá de la propaganda de unos y la estigmatización de otros, una cosa es innegable: el debate está presente en el desarrollo de este partido. Los ciudadanos que participan, directa o indirectamente, en los escenarios creados por los dirigentes de Podemos discuten mucho. Se presentan papeles permanentemente y, a veces, se dice cosas interesantes y, sobre todo, plausibles. Tienen verosimilitud. ¿O es que acaso no es serio distinguir la deuda de los bancos de la deuda de los ciudadanos españoles?, ¿o es que acaso no es verdad que el problema terrorista tiene un componente político clave para España como Estado-nación?, ¿o por qué vamos a tomar chirigota que el presidente de la Federación Española de Fútbol no puede ser eterno en ese puesto?

De momento, es menester levantar acta de un asunto clave, que los partidos regeneracionistas no habían conseguido, Podemos ha removido la vida política española; sí, sí, mientras que los dirigentes de Podemos juzgan sobre hechos, o sea hacen política, ellos son juzgados sobre sus valores, es decir, sus críticos hacen "ética", por cierto, bastante deficiente y alejada de los cánones de la Apología de Sócrates, de Platón, y de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres de Kant. Ojo, pues, con la descalificación apresurada de Podemos. Hay que estudiar más lo que dicen y, sobre todo, lo que están construyendo. Ni son perros flautas ni son solo comunistas bolivarianos, según nos venden las cadenas televisivas políticamente correctas de nuestro país. Sería menester que se hiciera el análisis político de esta formación más por sus hechos que por sus intenciones. Por cierto, y para predicar con el ejemplo, aplaudo el debate interno que ha habido en Podemos sobre un supuesto "derecho de decisión de los nacionalistas catalanes" para fracturar España, pero lamento que haya triunfado la peor de las opciones. Al final creo que perdió la opción Enric Martínez, doctor en Ciencias Políticas, cuando dijo: "El derecho a decidir es un eufemismo, pues en realidad se refieren a la ilegítima pretensión de que un determinado grupo cultural bastante privilegiado, en absoluto colonizado u oprimido, sino más bien lo contrario, pueden separarse de un ente político cuando le persuaden de que así sale ganando. Semejante estafa es especialmente dañina para los intereses de los trabajadores e incluso de las clases medias engañadas y es, en cambio, muy provechosa para una facción de la clase explotadora dominante".

Sospecho que la derrota de Martínez la pagarán caro los de Podemos en las urnas, pero ya han empezado su calvario: se ha uncido al yugo de la izquierda antiespañola y a la derecha que pasa del Estado-nacional. ¡Eso no es patriotismo, señor Iglesias, sino estulticia política! Por lo tanto, señor Iglesias, o exhibe pronto la bandera bicolor o será preso de la casta que trafica con España.

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