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Ni leones ni vulpejas

La irresponsabilidad domina la vida política en Cataluña y en el resto de España.

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La irresponsabilidad domina la vida política en Cataluña y en el resto de España. Irresponsable es el secesionismo catalán y, seguramente, es aún más irresponsable la respuesta que ha recibido de otros partidos políticos españoles. Las posiciones de los partidos políticos ante la secesión son más propias de oportunistas, gentes sin oficio ni beneficio, que pretenden vivir de las instituciones sin arriesgar una idea o un proyecto ante la posibilidad de la desaparición de la principal institución que les da de vivir, el Estado-nación, España. El caso de la señora Colau y Podemos bate todos los registros de irresponsabilidad institucional y falta de profesionalidad política. Salvo Ciudadanos, cuya defensa de la nación española dentro del Estado democrático es inequívoca, entre otras razones, porque nació para que no se rompiera España, los otros partidos políticos, por decirlo con lenguaje taurino, ha manseando en tablas, por ejemplo, el PP dejó gobernar a Pujol sin pedirle nada a cambio, y Alicia Sánchez Camacho, la responsable del PP en Cataluña, pactó con Mas lo que no está en los escritos… Y ¿qué decir del PSOE? Lo más suave que se me ocurre es que ha renunciando, definitivamente, a mantener actitudes claras y distintas sobre el secesionismo catalán.

El caso del PSOE no cae en la ambigüedad sino directamente en la inmoralidad. En efecto, es inmoral mantener que estamos varados ante la posición irreconciliable entre secesionismo e inmovilismo. Esa posición socialista, o sea de Prisa, es absolutamente falsa. Claro que el diálogo puede abrir puertas, pero también las puede cerrar. Ahora el problema es más grave y procede de quienes han querido sentarse en dos sillas a la vez: el independentismo y la defensa de España. El problema socialista y, por supuesto, de Prisa es querer tener razón pase lo que pase. Los socialistas han vuelto a dar muestras claras de este defecto con las cínicas cartas de González y Guerra sobre el independentismo catalán, seguidas de declaraciones contradictorias, más propias de líderes de un partido roto que del fruto de una discusión seria entre sus dirigentes. Los socialistas, después de que Zapatero les concediera todo a los secesionistas, incluido el término nación en su estatuto de autonomía, no han hecho otra cosa que entregarse a esa estrategia suicida que ahora, antes el 27 de septiembre, los está llevando a la locura: decir a la vez una cosa y la contraria y, encima, perdonarles la vida a los demás.

Ante el espectáculo patético que nos ofrece el PSOE, estaría dispuesto a romper alguna lanza por la actitud del Gobierno de España. He criticado y critico la inhibición del Gobierno ante el secesionismo, o sea, su falta de discurso y acción para detener la locura separatista, pero, al menos, ha dejado claro que estas elecciones del 27 de septiembre no son plebiscitarias y, sobre todo, no llevarán a la independencia de Cataluña. En fin, frente a las ambigüedades e inmoralidades del PSOE ante el secesionismo catalán, creo que la impasibilidad de Rajoy pudiera devenir en una actitud virtuosa por la falta determinación y carencia de astucia de las otras posiciones. Malo es que el Gobierno se haya quedado entre el león y la vulpeja, pero es aún peor lo del PSOE al haber renunciado, definitivamente, a las virtudes de esos dos animales: la fortaleza y la astucia, según dijo Maquiavelo.

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