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Arístegui y el Islam

No es moro todo lo que reluce

Llueve sobre Madrid. La tarde es triste. España soporta la foto de Zapatero con los 17 presidentes de la cosa autonómica. Nada que esperar del hueco discurso del Presidente. La gran señora de Madrid ha dicho lo más certero: Esperemos que la foto no encubra proyectos secesionistas. Eso era todo. Nada. Tenemos que seguir conllevando la molicie nacionalista y a sus artificiales aliados, socialistas de cartón piedra, sin otro oficio que el apaño. Cansancio y tedio. Necesito aire. A la calle  voy a confundirme con mi “insociable sociabilidad”.
 
Recuerdo que el amigo Arístegui presenta su libro cerca de mi casa. Me lanzo a la calle sin dudarlo, aunque me encuentre a Moratinos. Ya estoy en la sala. Sólo hay políticos y unos cuántos periodistas. También amigos y familiares. Madrid entero dirán las crónicas estaba presente. Quizá. La presidenta de Madrid preside con acierto la mesa. Habla Herrera con garbo, y ruega a todos los santos del cielo y de la tierra por Arístegui. Sí, porque Arístegui llegue a Ministro de Asuntos Exteriores, aunque sea con el PSOE. Carlos es más que Herrera, es magistral. Por favor, amigo, que nunca decaiga la moral del jefe.  Una palabra, un garabato del Herrera puesto a tiempo, capta lo real. Ahí está todo. Arístegui, sí, Ministro, aunque sea en el PSOE.
 
Queremos a Arístegui de Ministro de Exteriores, pero primero hay que llegar y supera a los otros en las elecciones, poner a un Presidente y que éste nombre a un Ministro. Todo un mundo por descubrir, por explorar, en fin, por ganar. Es necesario esperar. Contestó al periodista con cierta sorna gallega el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, quien, cosa extraña, fue el único que dejó caer una crítica sutil, pero alevosa, sobre la propuesta del libro. El destino, sin embargo, pensaría en ese instante el bueno de Arístegui, no puede ser aplazado. ¿Quién lo sabe?
 
Y el libro, dirá usted, de qué trata. Pues de que otra cosa podía tratar un libro escrito por un político y, además, diputado por Ciudad Real, sino de la rabiosa actualidad. Más aún, es el tema de nuestro tiempo. El terrorismo islamista es una derivación perversa, según el autor, del Islam “original”. Nadie debe confundirlos. Nos matan y respondemos con discurso. Es nuestra señal de gran civilización. Decadente, pero grandiosa civilización la cristiana que nos enseña a poner la otra mejilla, incluso cuando la negamos recurriendo a una de sus herejías, el mahometanismo. Porque eso es el Islam, el mahometanismo, una herejía, aunque en su auge se presentara como una religión nueva. Nunca lo fue. Aun cuando haya brotado lejos de las fronteras de la Iglesia Cristiana, herejía es el mahometanismo y así tenemos que tratarlo. Arístegui nada dijo de este asunto. Quizá no era el momento. Él mejor que yo lo sabe, porque para eso es diplomático.
 
No he leído el libro. Pero estoy convencido de que será correcto, incluso puede que sea bueno. Lejos estoy de pensar que la crítica esté reñida con la diplomacia. Lo aprendí del más grande humanista de lengua española y, seguramente, el mejor diplomático que haya dado en todo los tiempos el mundo hispano: Alfonso Reyes. La cortesía del diplomático, del hombre, es un magnífico metro para  medir la civilización de las naciones. Esperemos que también haya sido la mejor disposición para escribir un buen libro sobre una herejía. El Islam será importante, pero sí no se entiende con esa grandiosa palabra griega, que significa el tomar algo, parte, dentro de un contenido total, no se le comprende. Sí, por supuesto, ya sé que Mahoma era de formación pagana, pero se limitó a hacer una reducción, un despojo, de las doctrinas católicas, que en esa época habían llegado a un grado de sutileza y complicación que nunca alcanzará el islamismo.
 
No sé que dirá el autor de este planteamiento. Por eso, necesito leer el libro para saber su opinión. De momento, me conformo con lo que allí mantuvo: hay una religión islámica y unas interpretaciones totalitarias. Correcto. Pero todavía hay mucha tela que cortar. Suerte, amigo, y vende mucho.

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