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Nucleares, ¿por qué no?

Ninguna razón ha dado el Gobierno sobre su decisión de cerrar la central nuclear de Garoña en 2013. Todo lo que ha dicho el ministro puede clasificarse en el ámbito de la mera irracionalidad. ¿Por qué se cerrará en 2013 y no, por ejemplo, en 2014?

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Zapatero es un superviviente dispuesto a cualquier cosa por mantenerse en el poder. Es un tipo sin escrúpulos. Y, por desgracia, el asunto de las nucleares da para hacer ideología y engaño más que ningún otro tema de nuestra época. Si la discusión científica es larga y complicada, el uso ideológico que puede hacerse sobre la viabilidad de esta energía es materia principal de políticos populistas como Zapatero. La carencia casi absoluta de Ilustración, es decir, de conocimientos claros y distintos de la mayoría de la población sobre el presente y el futuro de la energía nuclear, convierte a Zapatero en un gran chamán que, independientemente de lo haga y decida sobre Garoña u otras centrales nucleares, no le pasará factura electoral o, al menos, no tanta como sospecha el PP.

Por eso, sencillamente, ha dicho que Garoña se cerrará en 2013. Desprecia el informe de los expertos y marca su territorio más allá de lo que le corresponde a un gobierno sensato. El saber sobre las nucleares no existe sino pasa por lo que dice el poder, o sea, el presidente del Gobierno. A la ciencia, al Comité de Energía Nuclear, le ha dejado claro que no es nada sin su consentimiento. Por otro lado, a los trabajadores también les ha mandado un recadito: les permite un poquito de vida hasta el 2013, pero siempre recordándoles que el futuro no depende de ellos sino del jefe supremo, Zapatero.

Ninguna razón ha dado el Gobierno sobre su decisión de cerrar la central nuclear de Garoña en 2013. Todo lo que ha dicho el ministro de Industria puede clasificarse en el ámbito de la mera irracionalidad. ¿Por qué se cerrará en 2013 y no, por ejemplo, en 2014, esta central nuclear? Nadie sabe la razón. El Gobierno sólo balbucea ideología. Son obvios los motivos electorales del Ejecutivo para cerrar en 2013. Trata de contentar a unos y otros y, sobre todo, dejar fuera de juego al PP, que no consigue abrir un verdadero debate sobre los cambios y las posibilidades de esta energía.

El asunto es complejo, pero por algún lugar podría empezarse, por ejemplo, por qué no se empieza el PP por informar que, hoy por hoy, el asunto de los residuos radiactivos, que tanto preocupan a los antinucleares, está casi resuelto. Así, al menos, lo ve un especialista de la talla de Lozano Leyva:

Las centrales nucleares son de los pocos complejos industriales cuyos residuos no sólo no contaminan el ambiente, sino que se pueden mantener concentrados y localizados. La vitrificación y el resto de técnicas de tratamiento y encapsulado de los residuos hacen prácticamente imposible la liberación de los elementos radiactivos y la posterior contaminación. Por otro lado, es realista pensar que en un futuro no muy lejano, incluso próximo, se puedan incinerar nuclearmente estos residuos disminuyendo drásticamente su vida media y sus niveles de radiotoxicidad.

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