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Partido a partido

El analfabetismo político invade lo poco que queda de España.

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Extraño país es España. Tan extraño que algunos dudan de su viabilidad. Todo está fragmentado. Roto. También las encuestas nos dan un panorama exacto, muy exacto, de la situación del país. El líder político más valorado es Albert Rivera, pero su partido apenas recibirá el 26 de junio tres puntos más que en diciembre. El líder político menos valorado es Pablo Iglesias, pero su formación política subirá. Suena raro, pero quizá sea verdad. Las encuestas en estos datos generales no mienten: la gente en España vota a un partido sin importarle el líder, menos aún el programa y nada la defensa de la nación. Terrible. Síntoma de analfabetismo político es, sin duda alguna, que los dos líderes políticos peor valorados de España, Rajoy e Iglesias, no tengan repercusión importante en el número de votos que recibirán sus partidos. Rajoy no es querido, pero el PP seguirá destacándose por encima de los otros partidos... Más analfabetismo es difícil hallar en Europa.

Hay otros dos datos relevantes en las encuestas. El primero se refiere a la subida de IU, una formación política extraña, porque trata de borrar sus viejas señas de identidad, que no eran otras que el partido que se enfrentó al franquismo, el PCE; en efecto, IU, que perdió peso en las anteriores elecciones, aparece ahora como un partido pujante que vendría a sumarse a los cuatro anteriores. De dos partidos importantes pasamos, en las elecciones de 20-D, a cuatro partidos y, según las encuestas, ahora tenemos cinco; no se extrañen, amigos, si pasamos pronto a siete u ocho. Así repetiremos la historieta de los años treinta. El segundo caso se refiere a Navarra, una de las comunidades autónomas que antes, hace poco menos de cuatro años, aparecía como la principal representante para enfrentarse al separatismo y terrorismo etarra, ahora es la enseña por excelencia del independentismo vasco. ETA ha ganado en el último bastión de los constitucionalistas. Aquí todos los datos indican que el separatismo vasco crece sin que nadie se lo oponga.

Si de las encuestas pasamos a las declaraciones de los políticos, creo que también sacaremos una ideas clara de cómo está España. Dos ejemplos del ámbito del PSOE son suficientes para saber cómo está la cultura política o, mejor dicho, la incultura política en España. A la número uno del PSOE por Barcelona, la señora Batet, le pregunta el periodista:

–Diga una razón para desmentir que es la candidata del aparato en las primarias del PSC por Barcelona.
–Mi trayectoria. La primera vez que me presenté al Congreso en 2004 fue como independiente. Nunca he estado vinculada al aparato ni a los capitanes del PSC, la terminología que se usa para definir a unas personas imprescindibles para que el partido funcione. Nunca he pertenecido a ese mundo y por eso los respeto.

La respuesta de Batet es contundente. Antológica. El PSC, hermano o filial del PSOE, presenta como cabeza de lista a una candidata, sencillamente, porque no tiene convicción alguna. No pertenece a ninguna corriente. No defiende una idea determinada del partido. La señora Batet está ahí porque toda su trayectoria se resume en no defender nada. Le da igual ocho que ochenta. Precisamente, por eso, ella no tomará decisiones sobre quién le acompañará o no en las listas; eso es una decisión importante y, como ella no es nada, lo deja al arbitrio de una "reflexión colectiva" (sic). Lean, por si no me creen, la respuesta a la última pregunta del periodista:

–¿José Zaragoza irá en las listas del PSC o le excluirá, como le pide Carles Martí, el otro aspirante a primarias?
No lo sé. Es importante hacer una reflexión colectiva para saber si es pertinente renovar las listas y eso lo haremos en los próximos días.

La respuesta, acorde con la carencia absoluta de convicciones de la candidata, es sincera. Mientras que Batet va de número uno por Barcelona. porque nunca ha estado "vinculada" a los dirigentes socialistas, Susana Díaz cree que el PSOE le pertenece solo a ella o, en su defecto, al PSOE en y de Andalucía. Las declaraciones del sábado pasado sobre el trabajo llevado a cabo por Pedro Sánchez, durante los últimos cuatro meses, no dejan lugar a dudas. Todo ha sido un engaño. Una falsedad. Díaz fue explícita: "Con 90 escaños y un Congreso de derechas es imposible formar un Gobierno. Estos cuatro meses deben quedar en el olvido. Los 120 días en los que Sánchez ha intentado formar una mayoría han sido, pues, una farsa, un teatro, un postureo... y hasta el último día".

En fin, después de leer los resultados de las encuestas y las opiniones de los políticos, no puedo dejar de sustraerme a una sensación dura: todo está roto. El analfabetismo político invade lo poco que queda de España. Muerto el sistema sólo queda sobrevivir a la intemperie y seguir el discurso del filósofo del Calderón, el Cholo Simeone, aún es posible poner a once personas de acuerdo para pasar la eliminatoria. Partido a partido. Eso es todo. Nada.

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