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Partido Nacional o Consejo Autonómico

Esas enmiendas están dirigidas a mejorar todo el sistema democrático, sencillamente porque pretenden mejorar el funcionamiento del PP.

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Las enmiendas a las propuestas de ponencias presentadas para el 16º Congreso del PP son un soplo de aire fresco, un aliciente intelectual, para traspasar la atmósfera irrespirable que vive no sólo el entorno del PP sino toda la esfera política española. Son enmiendas dignas de ser leídas por todos los españoles. Son consideraciones que van más allá de un grupo social, una casta administrativa y un partido político. Esas enmiendas están dirigidas a mejorar todo el sistema democrático, sencillamente porque pretenden mejorar el funcionamiento del PP. En efecto, la gente tiende a utilizar la palabra democracia de modo retórico, pero, cuando descendemos a la realidad, nadie puede dejar de hablar del sistema democrático como un sistema de partidos políticos.

A todos, independientemente de nuestras preferencias de voto, debería de interesarnos el funcionamiento de los partidos políticos. En otras palabras, la calidad de la democracia depende tanto de la formación democrática de la voluntad de sus participantes como de la organización empírica y mecanismos de participación, es decir, de la vida y administración internas de los partidos políticos, que hacen plausible esa voluntad democrática. Porque la democracia es, desde el punto de vista técnico y administrativo, una cuestión de y entre partidos, tenemos que mirar con especial detenimiento las reglas por las que se rigen los principales agentes de socialización política de nuestra debilísima democracia.

Parece que, hoy por hoy, la mayor singularidad del sistema de partidos políticos de España es que sólo hay, paradoja entre las paradojas, un partido nacional, el PP, mientras que el resto son partidos nacionalistas o "federados", o sea, partidos sin ninguna fidelidad al Estado-nación que les da su identidad partidista. Sí, son partidos tramposos con la nación española. Juegan con el Estado-nacional en provecho propio. Por un lado, los partidos nacionalistas viven de la única nación constitucional, la española, pero luchan, a veces en "colaboración y connivencia con los terroristas, por su desaparición; y, por otro lado, el PSOE es un partido extrañamente "federado", es decir, lucha por un Estado "federado", o peor, "confederal", sin querer percatarse de que la nación está antes que sus intereses partidarios; el caso de la relación entre el PSOE y el PSC, por poner un ejemplo de las trampas socialistas con la nación española, es terrorífico, pues que, desde cualquier perspectiva, esas relaciones no tienen otro objetivo que hacer desaparecer el Estado-nacional.

Esas trampas de los partidos nacionalistas, que viven de lo que matan, y del PSOE, el partido "federalista" o de "facciones" de utilidades regionales, junto a un uso perverso de la Constitución del 78, están derivando en la desaparición del sujeto político de la democracia, la Nación. Por ese camino, sin duda alguna, todo el sistema político quedaría reducido a un juego de intereses entre las castas políticas. El PP, especialmente con su actual dirección, está seducido por todas estas trampas, de las que naturalmente muchos de sus "líderes" regionales, o facciones de interés, disfrutan a costa casi siempre de olvidarse de lo fundamental, la defensa de la nación, que es la principal seña de identidad por la que fueron votados. He ahí el grave problema que tiene que enfrentar el 16º Congreso del PP.

Como quiera que sea resuelto ese asunto, parece que ninguna solución puede dejar de lado la enmienda de Álvarez Cascos sobre la ponencia de Estatutos, que exige la desaparición del Consejo Autonómico de los órganos del PP "porque es una suplantación encubierta de los órganos naturales de la dirección del partido". Porque un partido político de carácter nacional es algo más que la suma de unas facciones o grupos de poder, es menester que el PP sea capaz de suprimir o, al menos, reducir al mínimo las facultades que tiene el citado Consejo. Este órgano del PP tiende a limitar, si es que todavía no lo ha conseguido con otros mecanismos de ingeniería política, su carácter de partido nacional para potenciar a un conjunto de facciones que luchan sólo y exclusivamente por el poder autonómico, o peor, la administración de unos extraños "estados-taifas", según el esquema impuesto por los socialistas y nacionalistas.

Por ese camino, y como ya sucediera en los años treinta con la CEDA, el PP quedaría reducido a una suma de fracciones y facciones oportunistas y pragmáticas lideradas por los jefes regionales del partido, que les importa una higa la aspiración máxima de la Constitución, a saber, que todos los españoles seamos libres e iguales ante la ley. Esta enmienda de Álvarez Cascos será, pues, decisiva para el devenir del PP. De su fracaso o triunfo dependerá la viabilidad de este partido para alcanzar el Gobierno de España o, por el contrario, quedar reducido a un partido comparsa, de eterna oposición y acompañamiento, que quizá gobierne en las comunidades autónomas, después de ceder su principal seña de identidad a sus adversarios, pero que nunca conseguirá el poder del gobierno de España.

Es, pues, capital que desaparezca de la ponencia de Estatutos el Consejo Autonómico, no sólo porque es una suplantación encubierta de los órganos naturales de la dirección del partido y un menoscabo del liderazgo de la Presidencia, como mantiene Álvarez Cascos, sino porque corre el peligro de imitar todas las trampas del PSOE y los partidos nacionalistas para eliminar la base del PP, a saber, el Estado nacional.

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