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Esperanza Aguirre

Pedagogía política

Ayer contemple con regocijo un acto político edificante para la construcción de bienes en común. Ayer oí argumentar a un político, o mejor a una señora de la política española, con contundencia democrática en un espacio, que el “cándido” de Gallardón lo hubiera tildado de meramente “protocolario”, de intercambio de pareceres y cromos entre políticos de diferentes afiliaciones partidarias. Ayer comprobé que todavía hay una señora para quien la política democrática tiene que ser educación y enseñanza del pueblo. Llega a un acuerdo con otros políticos y quiere transmitirlo con rigor a los ciudadanos. Firma un protocolo con otros servidores del Estado e intenta explicárselo a los ciudadanos.
 
Fue un gozo oírla comunicar con precisión sus ideas sobre el Estado-nación, en general, y sobre su comunidad en particular. Fue inteligente explicando la Operación Campamento. La otra mujer que allí estaba, la ministra de la cosa de la Vivienda, nada dijo. Guardó un silencio sepulcral, seguramente porque nada tenía qué transmitir. Y el otro, ay, el ministro de Defensa de lo que queda de España, sólo alcanzó a balbucear, primero que era presidente de Castilla-La Mancha, un pequeño lapsus linguae que rectificó sobre la marcha; y, después, le reprochó a la experimentada política de Madrid que se metiera en sus cuentas, que ya tenía bastante, y dejase de exigir transparencia al Ministerio de la Defensa.
 
El bueno de Bono, que a veces, como sucedió ayer, tiene gravísimas dificultades para representarse a sí mismo, no sólo mostró su lado más grosero y casticista, sino que se quedó con las vergüenzas al aire, porque la presidenta de la Comunidad de Madrid fue a firmar un protocolo con él, y también con otra ministra de la nación, para llevar a cabo una obra de interés público, la construcción de más de 2.000 viviendas protegidas de alquiler con opción a compra para jóvenes, así como dos estaciones de metro y un intercambiador de transporte, y explicó, reitero, a sus ciudadanos con precisión cuánto le cuesta la operación a la Comunidad y cuánto espera recibir del Ministerio de Defensa. Es una manera honrada de transmitir su idea del Estado-nación e incluso de cuantificarla en un acto genuinamente público, es decir, en un lugar donde los comparecientes tienen que dar sus razones, sencillamente, porque ellos son los representantes de los ciudadanos a los que pudiera afectar ese acto.
 
Aguirre, pues, dijo con discreción: Si la Comunidad ha tenido que pagar bastantes millones al Ministerio de Defensa, que a su vez le generarán unas plusvalías valiosas, 380 millones de euros, según cálculos de la presidenta, lo lógico es que esas plusvalías pudieran revertir en infraestructuras para la propia comunidad. Aguirre, en fin, argumentó con cálculos, pero Bono no supo contestar sino con un exabrupto: “Las cuentas de Defensa las hace Defensa…Y usted, señora Aguirre, dedíquese a las cuentas de su Comunidad”. ¡Cómo si las cuentas de Defensa no afectarán a toda la nación y, por supuesto, a Madrid! Era evidente que Bono no se había preparado. Quizá creía que iba a un acto para hacerse la foto, a eso que su amigo Gallardón llama acto protocolario. Pues no, señor Bono, un político que se toma en serio su cargo y, especialmente se preocupa de comunicar en todo momento y lugar a los ciudadanos su idea de España, de Estado-nación, tiene que ir preparado y no salir con una grosería.
 
Así pues, el ministro Bono debe una respuesta a la presidenta de la Comunidad de Madrid y una explicación a todos los españoles: ¿Cómo revertirán en la nación las plusvalías que generarán en Defensa lo pagado por la Comunidad de Madrid?

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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