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Debate parlamentario

Perplejidad y caos

Después de las bravatas y chulerías de Ibarreche en el Congreso de los Diputados, todo es posible. Pura política de espectáculo. Lo peor se avecina y, como dice María San Gil, Otegui será Consejero de Interior. Todo puede pasar. Nadie se engañe con subterfugios de salón. El país entró en barrena el 11-M. El Gobierno es inexistente y las instituciones funcionan por inercia. Pretender darle nombre al vacío ideológico de este Gobierno es perder el tiempo o, peor aún, contribuir al desastre. Lo mejor que pudiera pasar es quedarnos como estamos. Pero, como todo es empeorable, preparémonos para lo que viene. Los trágalas, que Maragall y ZP cocinan para desmontar la nación democrática, no han hecho nada más que empezar. De derrota en derrota, los ciudadanos serán sacrificados por la voluntad de la mayoría. La dictadura del número será todo a partir de ahora. De hecho, las próximas elecciones, ya no se plantean sino como plebiscitos para imponer la política de una mayoría compuesta por socialistas y nacionalistas. El referéndum sobre Europa es una trampa para quien vote sí, y las elecciones vascas un suicidio tal y como las ha encarado el PSOE sin contar con el PP.
 
Si es verdad que las encuestas siguen dando ganador a ZP, entonces esta sociedad ha perdido por completo la cabeza. Peor aún, la inmoralidad se ha apoderado de la población española. Cuando las categorías políticas son inviables para describir la situación política, es que algo muy grave está sucediendo en España. La ciudadanía está enfadada, la gentuza anestesiada viendo vísceras en la pantalla del televisor. La ciudadanía está asustada, la gentuza preparándose para tragar todo lo que le echen. El problema es que la ciudadanía en España es minoritaria. Comprendo, pues, que los ciudadanos estén alarmados y horrorizados ante el espectáculo de ZP dándole mimos al secesionista. Comprendo que lloren por España. Comprendo que sientan vergüenza ajena del Gobierno de la nación.
 
Pero, amigos, no desesperen. Resistir es todo. A la inmoralidad de ZP, permitiendo que el nacionalismo y el terrorismo nos insulten en el Congreso de los Diputados, hay que responder con decisión y denunciar allá donde tengamos oportunidad tanta inmoralidad. También yo siento vergüenza de lo que está pasando. Pero no les voy a dar el gusto a esa gentuza de decirles que me duele España. Mejor les grito que siento asco de los políticos que nos llevan al despeñadero. No me duele España, amigos, sino que quiero vomitar en el rostro aldeano del nacionalismo barato. No me duele España, amigos, sino que protesto contra la inmoralidad que el Gobierno de la nación pretende instalar en la sociedad española.
 
Así las cosas, si escribir es pensar y, sobre todo, sentir, queridos lectores, no dejen de escribirle a ZP que no conseguirá cargarse España, porque todavía quedan españoles sin complejos.