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Islam

Perversos contra herejes

La civilización occidental está en guerra contra el terrorismo islamista, pero no será vencido mientras no conozcamos sus principales claves "religiosas" que, dicho sea de paso, son más difíciles de comprender de lo que cree una parte de la opinión occidental deformada por los tópicos del hombre masa. Entre esos tópicos hay uno que prevalece al hablar de religión: todas son más o menos iguales y todas tienen su fanatismo. Falso. De ahí la importancia que este cronista le da a pensamientos forjados a contracorriente, o sea a pensamientos, que consiguen traer luz donde reina la oscuridad. Por ejemplo, el lunes, Gabriel Albiac recordaba, en una magnífica columna publicada en La Razón, la diferencia esencial entre el Islam y las otras religiones reveladas, que pone sobre la mesa el obstáculo más difícil de superar para nuestra civilización de raíces judeocristianas, a saber, los criminales islamistas ni siquiera se consideran inhumanos.
 
Esa perversión, contra lo que defienden algunos "bienpensantes" occidentales, tiene un soporte seguro en el Corán. Es imposible explicar la bestialidad de los crímenes cometidos en nombre de Alá por el terrorismo islamista, si alguien acepta, como dice el Corán, que "no sois vosotros quienes los matasteis; Dios los mató". La cita de Albiac no puede ser más oportuna. Los islamistas pueden seguir matando indefinidamente sin alcanzar jamás la conciencia de su inhumanidad, porque tampoco tienen conciencia de su humanidad, de su diferencia entre Dios y los hombres. Dios es lo único inhumano. Mientras que en la religión islámica parece que no hay opción a la intervención humana, en las otras reveladas cabría hablar de una "libertad religiosa" que nos hace responsables ante Dios y ante nuestros semejantes.
 
Porque el Islam no da opción alguna a la humanidad, o mejor, al desarrollo de la libertad, puede fácilmente comprenderse la imposibilidad de llamar inhumanos a los crímenes del terrorismo islamista. He ahí la principal clave del fanatismo integrista en esta guerra mundial contra Occidente. El Corán es contundente a la hora marginar al hombre en la búsqueda de la verdad. En efecto, aunque todas las religiones reveladas tienden a buscar una autoridad externa absoluta y una garantía oracular de la verdad, es el Islam la única que no deja margen alguno a la intervención de los hombres en la búsqueda de la verdad. Islam significa "sumisión" a la voluntad soberana de Alá. El musulmán es el "que se somete" a Alá y obedece sus designios inescrutables, según fueron revelados a Mahoma en el Corán y sin posibilidad de interpretación alguna. Jamás triunfaron en esta religión quienes sostuvieron, como la escuela mutazilí, que el Corán era susceptible de interpretación porque estaba escrito en árabe, por lo tanto, con palabras humanas.
 
Si el islámico es, sobre todo, quien está sometido, entonces la libertad de los hombres es para el Islam quimera, porque todo depende del libro, de un único libro, que ha sido dictado en árabe directamente por Alá a su profeta Mahoma. Si no fuera, pues, por esa revelación directa, el Islam podría ser considerado una herejía del judaísmo o del cristianismo, de hecho así ha sido presentada durante siglos esta religión, que tomó la mayor parte de sus contenidos del judaísmo y el cristianismo, casi siempre de forma manipulada y desfigurada. Pero esa nueva revelación directa de carácter prescriptivo no sólo hace al Islam diferente de las otras religiones reveladas, sino que la convierte en una fuerza terriblemente "conservadora". En suma, si el Islam es la religión del Libro, del Corán, transcrito de una tabla conservada en el cielo y revelada a Mahoma como Palabra literal de Alá, nadie puede llamarse a engaño al leer "no sois vosotros quien matasteis; sino Dios" (Corán, VIII, 17). El islamista que mata no tiene responsabilidad. Coste cero, dice con toda la razón Albiac, porque el único inhumano es Alá... Y, encima, hay gente en Occidente que ve en todo esto un camino de liberación.

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