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Política militante y crisis socialista

Es un partido leninista a la vieja usanza. No tiene un proyecto nacional en sus estatutos, entre otras razones porque es un partido federal. Por eso, el principal problema que ahora le viene encima es bregar con algo que les resulta ajeno: la nación.

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La militancia, por desgracia, se impondrá a la democracia en el seno del PSOE. No sé, en verdad, si habrá elecciones primarias para seleccionar a un candidato a las elecciones generales o un Congreso extraordinario. Nadie lo sabe. Tampoco podría excluir que hubiera primarias a la vez que se convoca un Congreso extraordinario de los socialistas. Nadie puede saberlo. Pero tengo muy claro una cosa: el PSOE sabe hacer ideología militante; se prepara para conquistar el poder, incluso antes de haberlo perdido. El PSOE es un partido hábil. Es un partido dispuesto a abrirse ideológicamente en canal, incluso abrazar ahora la socialdemocracia, antes que perder el poder.

Cualquier cosa puede pasar, pero, por favor, nadie adelante juicios sobre la muerte de los socialistas. El PSOE, reitero, es un partido de poder; antes que perderlo, hará cualquier cosa. Nunca se fragmentará el PSOE. A pesar de que actualmente nadie lidere el partido, con un presidente de Gobierno interino y derrotado, busca ya un liderazgo fuerte y un programa para parar la sangría de votos de las próximas generales. He ahí su mejor ganancia: convierten la crisis, la derrota en las urnas, en el comienzo de una recuperación del partido. El PSOE, pues, no se divide. Trata de recomponerse y volver a cerrar filas. Es lo que mejor saben hacer: cerrar filas. Es la militancia. Nunca la palabra militancia ha tenido un sentido literal. El ejemplo es la ministra de Defensa renunciado a dar una batalla democrática.

No hay riesgo de unidad del partido, como dice Carme Chacón, precisamente porque gente como ella prefiere negarse a sí misma antes que a su partido. Esa actitud, por supuesto, nada tiene que ver con una convicción democrática, sino con un afán de poder por el poder, o peor, fanatismo ideológico. Es mérito partidista, pues, de los socialistas, después de haber perdido el poder autonómico y municipal, replantearse radicalmente todo, excepto el unitarismo del partido. Horror. Sí, sí, el PSOE, antes de haber sido derrotado en las generales, ha iniciado su proceso de recuperación. Eso se llama hacer política militante.

Es un partido leninista a la vieja usanza. No tiene un proyecto nacional en sus estatutos, entre otras razones porque es un partido federal. Por eso, el principal problema que ahora le viene encima es bregar con algo que les resulta ajeno, a saber, la nación. Ésta, sí, las sociedad le ha castigado, pero, desgraciadamente, antes que hacerse cargo del castigo prefieren cerrar filas. He ahí el dramático destino de un partido a la vieja usanza. He ahí, por otro lado, la base donde debería forjar su poder el PP: dialogar y recoger aquello que el PSOE desprecia.

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