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El PSOE y la religión

Principios contra oportunismo

Alcanzar la mayoría absoluta a cualquier precio es el único objetivo del PSOE. La definición del socialismo español es sencilla: cualquier cosa es buena siempre que les permita obtener la mayoría absoluta en las próximas elecciones. A la oposición, por supuesto, hay que laminarla. Y, sobre todo, hay que eliminar a quien desmonte el oportunismo desde los principios. No importa cuáles sean esas convicciones. Basta que existan para que el socialismo esté en contra de ellas. No hablan con la Iglesia porque previamente descalifican su discurso por "fundamentalista". Por eso, por ese cerril e inculto relativismo, la religión, la moral y la política son devoradas por el partido o estigmatizadas. No se trata de eliminar competidores, sino de descalificar los principios, sin importar su origen o fundamento argumentativo, como base de actuación humana.
 
Ahora, aprovechando la presión islamista y su posible transformación en votos socialistas, le ha tocado a la religión cristiana, y están golpeando duro, porque saben que es un sector frágil, abandonado a su destino por la cultura de masas, y repleto de mediocridad intelectual dispuesta al "pastiche" por un complejo de inferioridad creado por una jerarquía eclesiástica que pensó antes en el cambalache que en los principios. ¡Sospecho qué hasta Tarancón se removería en su sepulcro si viera lo que está pasando! ¡Ay, amigos, cuánto daño han hecho al cristianismo y, sobre todo, a la sociedad española quienes no se atrevieron a decir las verdades del barquero: sin cristianismo, sin libertad cristiana, la cultura moderna no existiría! Y, sin embargo, encontramos por todas partes pobres cristianos, pobres gentes, esgrimiendo panfletos sobre la historicidad de Jesús. Ni siquiera se han enterado de que nuestra historia se cuenta antes y después de Cristo...
 
No se trata de una cuestión religiosa, y esto es lo grave, sino cultural. El analfabetismo es la base del laicismo oportunista del PSOE y sus ideólogos. No es necesario recurrir a Hegel. Basta leer al mayor de los filósofos ateos españoles, Ortega, para quitarse el pelo de la dehesa jacobina, terrorista e inculta de los "laicistas" de salón: el cristianismo es la base de la civilización. No obstante, los incultos cristianos, esos amamantados en la horda de los "teólogos de la liberación", milenaristas tan anticristianos como relativistas, seguirán siendo incapaces de presentarse como hombres libres por profesar en la fe cristiana. La única religión que abandona al hombre a su entera libertad. Más aún, porque es la única que declara abiertamente que "su reino no es de este mundo", nos obliga a elegir. A ser libres.
 
Sobre algunos de esos asuntos ha hablado con propiedad y coherencia el arzobispo Sebastián en un Congreso sobre Apostolado Seglar. Un discurso genuinamente democrático, que les exhorto a leer, para una comunidad obnubilada por sus tristes herederos, esos que se limitan a defender la religión dentro de los límites de la mera razón.