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Campaña socialista

Propaganda contra democracia

El personal “culto” del PSOE está desesperado. No consigue engañar a más gente y, sobre todo, es incapaz de parar la deserción de sus votantes hacia otros ámbitos políticos. El personal “relamido” del PSOE está inquieto, porque ya no saben qué palo tocar, o sea, contra quién arremeter para que su nivel de autoestima política no se destruya. El personal “intelectual” del PSOE ya no sabe qué hacer para detener el ridículo político de sus dirigentes. A pesar de todo, ellos sacan pecho, insultan, calumnian o, peor todavía, simulan que son seres puros, inmaculados, que sólo aspiran a discutir tranquilamente con el adversario. En vez de pararse a meditar un poco sobre la crisis de la nación, en realidad de la democracia, que ellos han creado con su pacto con las “minorías nacionalistas”, y rectificar el guión, han preferido persistir en la propaganda, en la mera agitación de los bajos instintos de sus votantes, con el único objetivo de criminalizar al PP, de eliminarlo de la vida política. Algo, hoy por hoy, casi imposible, por el alto nivel de ciudadanía alcanzado por sectores muy relevantes de la población española.

La obstinación socialista por seguir a pies juntilla el Pacto de Tinell, quizá la mayor salvajada totalitaria de la política española de las últimas décadas patrocinada por el PSOE, y persistir en no pactar, ni siquiera hablar, con la genuina Oposición está llevando, aunque se crea lo contrario, a las “elites” del PSOE a la esquizofrenia. Lo más listos, en efecto, ya se han percatado de que lo pactado en Tinell no da para más. Sin duda, ha conseguido encrespar, dividir y, sobre todo, entronizar la “tiranía de las minorías” en un país con escasas tradiciones democráticas, pero, por fortuna, no han conseguido su principal objetivo: sacar de la pista al PP. Éste sigue siendo el garante de la vida democrática. He ahí la mayor preocupación de los “intelectuales” socialistas. He ahí su mayor fracaso. He ahí porque han dejado de tener un mínimo de credibilidad. No me extraña, pues, la desesperación de los “listos” del PSOE ante lo que les auguran las encuestas.

Sin embargo, el doble fracaso del PSOE, es decir, el de su tarea de desgobierno por un lado, y no eliminar al PP de la democracia por otro, quiere ahora conjurarse con una insistencia redoblada en la agitación y la propaganda, como si estuviera en la Oposición. La operación, por supuesto, me parece descabellada desde el punto de vista ético, porque es tanto como considerar a todos los ciudadanos unos borregos, pero no creo que sea políticamente muy rentable para captar votos. Otra cosa es que dé ánimos a sus fieles y trate de mantenerles viva su moral de esclavos. En cualquier caso, la opción socialista a favor de la “agitación y propaganda” implica rebajar hasta niveles ínfimos la calidad del debate político. Más aún, posiblemente el listón puesto por el PSOE para tratar de los asuntos comunes de los española no es mínimo sino ridículo.

Mal, muy mal, tiene que ser el resultado de las encuestas de aceptación de la política de Zapatero, cuando éste, en colaboración con sus medios de comunicación, introduce en la agenda política dos temas viejos, viejísimos, de discusión: el accidente del Prestige y la presencia humanitaria de tropas españolas en Irak. Pero peor aún, sin duda alguna, tiene que ser la situación intelectual, mejor dicho, mental, de quienes siguen en el foro público y los canales de creación de opinión las consignas ramplonas del Gobierno. La defensa del Gobierno socialista con las perfidias de Irak y el accidente del Prestige se me antoja no imposible sino ridícula.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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