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Zapatero y Aznar

Propaganda y política

Ha levantado acta de lo obvio con realismo y precisión. Ha dicho lo que todos sabemos para que sea analizado con espíritu ciudadano, o sea, democrático. Ha dicho las verdades del barquero para que la mentira de los políticos ventajistas no encanalle al pueblo español. Sin embargo, lo criticarán hasta los de su partido. No importa. Aznar ha hecho un serio discurso político en la inauguración de los cursos de verano de FAES. Aznar sigue creciendo intelectualmente en el páramo político que nos domina. Después de los tonos melifluos de la “política” de cartón-piedra de Zapatero, el discurso de Aznar adquiere aún más relevancia. Quien intente comparar el discurso final de Zapatero en el Congreso del PSOE con la conferencia de Aznar, aparte de caer en la demagogia, mostrará su debilidad mental. Son “discursos” incomparables. El de Aznar es una argumentación, mientras el de Zapatero es una apelación de “buenas” intenciones. La argumentación de Aznar es, pues, sugerente y atractiva, porque se toma en serio la política. La vida en común de una comunidad.
 
En efecto, porque la política es el ámbito genuino del desarrollo humano, nadie puede jugar a confundir con palabras al hombre que quiere ser ciudadano. Aznar no es traficante de palabras porque nada tiene que ocultar. Política de altura hay en el discurso de Aznar, primero, porque conoce la relación entre la palabra y la acción; en segundo lugar, política trabada hay en ese discurso, porque su argumentación trasciende las opiniones de su propio partido, cada vez menos representativo de un electorado altamente cualificado; y, en tercer lugar, política universalista hay en el discurso dado por Aznar en FAES, porque sus opiniones van más allá de unas “objeciones” de carácter electoralista al partido del Gobierno. El discurso de Aznar no pretende ganar unas elecciones inmediatas, sino generar una discusión política, o sea, un ámbito dónde los ciudadanos puedan ejercer su ciudadanía.
 
Y lo ha dicho con sencillez. Antes de votar, por si alguien lo había olvidado, hay que pensar qué cosa. “Hay que reflexionar antes de decir sí a la Constitución europea”. Obvio, pero algún “europeísta” de última hora lo tildará de “antieuropeo”, porque es incapaz de distinguir al ciudadano, al que busca su identidad con otros, del individuo perteneciente a una manada.