Opinión
Noticias y opinión en la red
Inmigración

Provincia 51

He seguido la intervención parlamentaria de Rubalcaba y me temo lo peor. España seguirá recibiendo inmigrantes ilegales sin que este Gobierno haga nada. Cifras falsas, elucubraciones generales, medias verdades y, en fin, todas esas técnicas marrulleras de Rubalcaba para no hablar de lo decisivo que es derogar la Ley de Inmigración, llevar a cabo una autocrítica seria y seguir las políticas migratorias que dicta Europa. Este hombre miente compulsivamente y quiere que nos lo tomemos en serio. Habla de que están tomando medidas concretas, pero sus efectos serán a largo plazo. He ahí la mayor prueba de su ignominia. Y es que cuando un político habla de un futuro lejano, malo, esperen lo peor; está confundiendo su actividad con la del teólogo o, peor todavía, sólo apuesta por el comunismo de Stalin: represión, trabajos forzados y sólo levantar la cabeza para mirar al horizonte. Ideología miserable. Rubalcaba ha hablado también de una experiencia piloto con países africanos, como si esto fuera la aplicación de una ley de educación o similar, cuando en realidad nos estamos jugando, aparte del respeto de los países de donde surgen los flujos migratorios, el ser o no ser de los españoles en Europa.

Los españoles necesitan un Gobierno fuerte, respaldado por una comunidad internacional que se fíe de nuestros gobernantes, para parar la ola de inmigrantes ilegales. Si no hacemos como Malta, que puede resultar absolutamente inmoral para nuestra sensibilidad política, al menos podrían imitarse las normas de nuestros vecinos portugueses o las políticas inmigratorias de los italianos. ¿Se ha preguntado acaso el ministro Rubalcaba por qué estos países no están sometidos a la presión del nuestro? No, por supuesto, porque tendría que concluir que la diferencia es que nuestra legislación favorece la inmigración ilegal. Soluciones, pues, hay y para hallarlas sólo hacer falta mirar a nuestro alrededor, pero todas esas alternativas pasan por derogar una ley nefasta, insolidaria e inhumana. Además, después de derogarla, sería menester pregonarlo a los cuatro vientos y que salgan en todas las televisiones de África, sí, allí donde los pobres inmigrantes son seducidos por una ley que los protege a la llegada, pero los deja tirados como perros a los pocos días de haber sido esquilmados por las terribles mafias que los trasladan a España. O se acaba con esta ley o las mafias acaban con nosotros.

Oído Rubalcaba, sigo temiéndome lo peor, cuando le toque el turno al desaparecido Caldera. O sea, permítanme la ironía y quizá la reiteración, cuando me enteré de que Caldera quería comparecer en el Congreso para hablar de los efectos de su Ley de Inmigración, no pude dejar de imaginarme que este buen padre de familia y nefasto político salmantino nos depararía una buena noticia que, sin duda alguna, revolucionará la ordenación territorial de España. Seguro, pensé yo, que el señor ministro declarará a Senegal la provincia 51 de España, pues que algunas provincias de España tienen menos habitantes que ciudadanos de origen senegalés hallamos deambulando por nuestras ciudades. Hay tantos que lo mejor sería reunirlos a todos en una determinada zona de España y declararla provincia. Pero si esta idea no les gusta a sus socios comunistas y nacionalistas, porque la encuentran políticamente incorrecta, o porque les pudiera parecer que quiere reducirlos a una especie de reserva, entonces el ministro debería sacar un decreto que nombrase a Senegal, sí, al mismo Estado de Senegal, una provincia más de España. Senegal, provincia 51 del reino de España, tiene todos los derechos del mundo a participar en la vida nacional como una provincia más. Vale, Caldera, no me defraude. Espero que su comparecencia favorezca el cumplimiento de mi profecía.

Eso, sin duda alguna, sería una verdadera "experiencia piloto".

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

Lo más popular