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¿Qué legitimidad tiene la convocatoria de huelga?

El Gobierno ha querido ayudar a CCOO y UGT, pero la élite sindical ha menospreciado una reforma laboral que permite al duopolio reciclarse, ponerse al día y homologarse con el sindicalismo más democrático del mundo

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Nadie se asuste con la huelga general. Es una huida hacia el abismo de los sindicatos. Aquí no hay crisis política. El partido gobernante está respaldado por una mayoría absoluta. Los sindicatos no tienen pulso para vencer al gobierno de España. Su poder es frágil y limitadísimo. Han quedado reducidos a ser meras correas de transmisión de Pérez Rubalcaba. Nada. Tranquilidad y todos a trabajar el día 29 de marzo. Un gobierno fuerte y sobre todo una gobernabilidad decidida y razonable hacen viable este país.

No obstante, es menester reiterar que el Gobierno ha querido ayudar a CCOO y UGT, pero la élite sindical ha menospreciado una reforma laboral que permite al duopolio reciclarse, ponerse al día y homologarse con el sindicalismo más democrático del mundo. Pero han preferido volver sobres sus pasos y repetir errores. Están cavando su fosa, a pesar de que la Constitución todavía los protege. Allá ellos. De momento, levantemos acta de un par de cuestiones relevantes para los futuros historiadores de la muerte del "sindicalismo de clase" en España: su absoluta carencia de legitimidad compite con su estulticia a la hora de servir a un partido que se fundamenta en el odio revolucionario. De ahí que, en efecto, la convocatoria de huelga general no sea sino otro “símbolo” de esa retórica revolucionaria. Lo importante para ellos no es lo que pueda pasar el día 29 de marzo, sino convocarla para soliviantar a la ciudadanía contra el gobierno legítimo; legítimo, sí, por su origen electoral y por su comportamiento democrático.

¿Tienen los sindicatos una legitimidad similar a la del gobierno? Es obvio que la respuesta es negativa. No es hora de discusiones semánticas sobre la “legitimidad” de los sindicatos para convocar una huelga general, pero se equivocan todos los que mantienen que esta huelga es legítima. Falso. Es legal, pero no hay una sola razón que la justifique en aras del bien más preciado de todos los españoles: la nación. El Estado-nación está en crisis económica y lo último que necesita para salir de esta situación es una huelga general. Su simple convocatoria es peor que un fracaso, deslegitima a sus convocantes. La legitimidad es algo que se adquiere a través de razones, argumentos y una acción ejemplar en la vida pública. Algo que los sindicatos CCOO y UGT jamás han demostrado en los últimos años y, especialmente, en los tres últimos meses.

Los "sindicatos de clase" no han querido saber nada de la reforma laboral propuesta por Rajoy. Más aún, han huido de la discusión con Fátima Báñez para introducir reformas en los planteamientos del Gobierno; todas las veces y, en diferentes circunstancias, que se les ha requerido para pactar un futuro modelo de relación laboral, como si se tratara de la peste, han salido corriendo. Los “sindicatos de clase” gritan y gritan porque están muertos de miedo. Es menester que alguien les ayude y les haga entrar en razón. Tengo la sensación de que la mayoría absoluta alcanzada por el PP se los ha llevado por delante. Los ha dejado caos. Ha habido, sin embargo, algo más importante y decisivo que la mayoría absoluta del PP, a saber, existe la determinación del gobierno de Rajoy por ejercer con inteligencia una política reformista. Una política.

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