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¿Quién se parece a Trump?

Si yo les dijera que uno de los enemigos políticos más encarnizados del actual presidente de los EEUU quiere parecerse a Trump, me dirían que estoy delirando.

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Si yo les dijera que uno de los enemigos políticos más encarnizados del actual presidente de los EEUU quiere parecerse a Trump, me dirían que estoy delirando. En verdad también yo me quedé perplejo al verlo. La perplejidad es una forma instantánea de conocimiento. De sabiduría. Yo he visto y oído decir a uno de los enemigos más duros de Trump que quiere ser como él. Y ustedes, como les mostraré al final de esta columna, pueden comprobar fácilmente que no miento ni deliro. Existe alguien muy importante en EEUU que quiere parecerse a Donald Trump. Esa actitud, en mi opinión, refleja sabiduría política. Quien la mantiene es una persona que quiere a su país. Hace política por encima de la ideología y la falsificación de la realidad. Ejerce su actividad política exactamente al contrario de como se lleva a cabo en España y parte de Europa. Aquí, en la tierra de María Santísima y la de sus aledaños secularizados, es hegemónica la posición ideológica, moralista y, a veces, estulta que solo ve en la figura de Trump un tipo terrible, odioso y perverso.

En efecto, pocos partidos del Parlamento europeo coinciden con las políticas de Trump. El caso de España es quizá el más exagerado. Nadie quiere parecerse a Trump. La gente del PP lo compara con el finado y castizo presidente del Atlético de Madrid, Jesús Gil y Gil. Es repugnante la comparación. Retrata perfectamente a la persona que ha hecho tan lamentable equiparación. Los de Podemos huyen de Trump como si fuera la peste, aunque hagan el ridículo a la hora de intentar distinguir sus argumentos contra los tratados de libre comercio de los expuestos por EEUU. Y así suma y sigue. Relean las declaraciones del resto de partidos políticos españoles y comprobarán que nadie quiere ser como Trump. Todos luchan para no ser confundidos con las acciones y discursos políticos del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Todos, en fin, practican el antiamericanismo sin percatarse de que es el producto más fino que exporta EEUU al mundo.

La capacidad de autocrítica de la política de EEUU es envidiable. Es propia de un gran país. A su lado todo es menor. La llegada de Trump a la presidencia de EEUU ha hecho resurgir, como en las mejores épocas de su historia, el antiamericanismo. Todos hablan mal de EEUU empezando por los propios ciudadanos de EEUU. Eso es lo que imitan los españoles sin saberlo. Nuestro antiamericanismo no tiene su causa en una afección o enfermedad moral de la inteligencia de los españoles, ésta a lo sumo es una concomitancia, del antiamericanismo que fomenta EEUU, en general, y el propio presidente de EEUU en particular. Sí, amigos, Trump y su equipo hacen política. Han conseguido, por ejemplo, que todos los medios de comunicación de masas que le critican sean su mejor aliado: todo gira en torno a Trump en EEUU. Y esa misma técnica política ya la han exportado a España.

Derecha e izquierda, liberales y conservadores, intelectuales y políticos, cadenas católicas y ateas, en fin, toda la casta que ocupa los centros de poder de España no quiere ser asociada con la figura de Trump. Resulta extraño, pero es algo tan real como que usted, querido lector, está leyendo esta columna. La realidad de la política española se define por el odio a Trump que fomenta el propio Trump. Esa genialidad política lo ha llevado al poder y lo mantendrá en él. España ha entrado de lleno en la red que le ha puesto Trump. Esta figura define todo el juego político en España: ¿o acaso alguien duda de que todo pasa por saber quién se parece más o menos a Trump? Nadie duda de lo evidente. El presidente de los EEUU aparece como un espantapájaros o algo así al que nadie quiere acercarse. Quien esté próximo a alguna política de Trump, sin duda alguna, será al instante estigmatizado. Por eso, seguramente, domina en todos los políticos españoles un afán enfermizo por no parecerse a Trump. Ahí está el toque.

Sí, toda la política española baila al son que marca la presidencia de los EEUU. Ningún partido político español quiere saber nada de Trump. Compiten entre ellos para insultar al hombre más poderoso del mundo. No es buena esa política, en realidad, es una ideología para no hacer política. Hay alguien sin embargo, como les decía al comienzo, que quiere parecerse a su nuevo presidente. Es un hombre de la llamada izquierda de EEUU. Senador y precandidato del Partido Demócrata para las elecciones presidenciales de EEUU. Fue el enemigo más encarnizado que tuvo Trump en el período electoral. Pero, ahora, es el más fiel partidario de Trump por haber retirado a EEUU del tratado de libre comercio del Pacífico (TPP), porque solo beneficia a las multinacionales. Bernie Sanders se ha ofrecido, como lo leen, a colaborar con Trump. Vean, sí, la última entrevista que la CNN ha hecho a Sanders y comprobarán una gran verdad de la actual política norteamericana: Trump está rompiendo la vieja dicotomía izquierda y derecha.

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