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Retentiva y cambio

Quien no se haya enterado de la relevancia de la crisis, o quien la oculta ideológicamente, falsamente, para aprovecharse de ella personalmente, está contribuyendo a que vivamos instalados en la barbarie animal.

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O aprendemos rápidamente de la crisis o viviremos como los salvajes. O nos percatamos de que esta alternativa es real o nos condenamos a sobrevivir sin continuidad. Resulta patético ver a la gente actuar sólo con instinto sin que consigan aprender nada de la experiencia. La distracción y la frivolidad de algunos, que no quieren ver el destrozo moral de la crisis, compiten en estulticia con los listos, esos derrotistas que siguen creyéndose los más sabios del mundo y culpabilizado al resto de los mortales de lo mal que vivimos. Es, pues, imposible recuperar nuestra confianza en las instituciones y en los gobiernos, en fin, en los hombres que tratan de hacer lo que deben, sin reconocer que estamos ante una crisis dramática de la cual sólo saldremos con inteligencia y, sobre todo, con el arma más sutil de nuestra especie: la retentiva.

Mientras que el animal trata de adaptarse al medio sin saber qué hizo ayer, el hombre tiene memoria. Hoy más que nunca, es obligado para vivir con dignidad intentar retener lo vivido, la retención y la recordación de lo pasado es capital para salir del estado, casi de barbarie, en la que algunos quieren situarnos. Sin retentiva no hay condición de "progreso" o adaptación a un convulso presente. No valdrá sólo la memoria, cierto, pero sin ella es imposible adaptarse con dignidad a lo que viene. En otras palabras, es verdad que uno de los grandes problemas de los españoles es no saber lo que nos pasa, pero eso, sin duda alguna, es ya saber mucho. Porque no es la primera vez, ni tampoco será la última, que eso nos sucede, de ahí que de esta crisis podamos salir fortalecidos, al menos, en este paso: sin memoria no hay solución.

Creo que el terrible impacto que la crisis financiera de 2008, por nombrarla sin matices, sigue manifestándose de múltiples formas en la vida política y moral de España, pero hay una que resulta especialmente trágica y casi dolorosa: creer que la cosa es sólo de España, o peor, no haberse percatado aún de que esta crisis figurará en la historia como uno de los acontecimiento más relevantes de nuestra época. Quien no se haya enterado de la relevancia de la crisis, o quien la oculta ideológicamente, falsamente, para aprovecharse de ella personalmente, está contribuyendo a que vivamos instalados en la barbarie animal.

De ahí que la evocación permanente de que esta crisis es mundial, aunque tiene obviamente unas responsabilidades nacionales, es asunto vital. No hay vida genuina, enriquecimiento espiritual, "progreso" moral, "calidad" de vida sin retener ese dato. No se trata de conformarnos o eludir nuestras responsabilidades, sino de saber que ese recuerdo es la base de nuestro aprendizaje. No estamos solos ni aislados. España sigue siendo un gran país. Pero, por favor, dejémonos de lamernos nuestras heridas, como hacen los animales, y recordemos, sí, recordemos de dónde venimos, porque, de lo contrario, viviremos como salvajes. La sentencia del gran filósofo Santayana es imprescindible para seguir caminando erguidos: "Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo."

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