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Gobierno Zapatero

Salvajismo ideológico y deslegitimación política

Hablo con un profesor de Ciencia Política de la Universidad de Francfort interesado hace años en la política española. Aquí les dejo las primeras impresiones de la conversación de toda una tarde. Mi amigo alemán me cuenta con cierta timidez algunas de las tesis defendidas en un ensayo sobre el Gobierno de Zapatero, que pronto verá la luz en una editorial importante de Berlín. Las investigaciones de la prensa española sobre el 11-M, especialmente El Mundo y este periódico, han sido estímulos decisivos para este politólogo, que considera irrelevante las metodologías comparatistas a la hora de estudiar la política española. En otras palabras, lo descubierto por esta prensa convierte a España en un país singular, a veces absolutamente diferente, al resto de la Europa más civilizada. Parece que España, por desgracia, vuelve a ser objeto de atención por el resto del mundo civilizado antes por el extravío ideológico de nuestros gobernantes que por la sensatez de su ciudadanía.

Aturdido aún por la respuesta ciudadana a la visita del Papa a Valencia, mi interlocutor me confiesa que le resulta incomprensible que el Gobierno de España esté enfrentado con la máxima potencia mundial, EEUU, y con la mayor fuerza espiritual de Occidente, el Vaticano. Imposible digerir para este geómetra de las ideas el comportamiento de Zapatero con Benedicto XVI. En efecto, si difícil fue comprender la actitud de Zapatero ante la bandera de EEUU, aún le resulta más absurda la negativa del presidente del Gobierno de no despedir como se merece un jefe de Estado. Y, sobre todo, se pregunta el profesor alemán: ¿cómo explicar la conducta de un hombre que no quiere asistir a la misa del Papa, a pesar de haber asistido a los bautizos y comuniones de sus hijas? "Falta de coherencia", seguramente, sería la expresión que mejor definiría la situación en términos personales.

Pero, en términos políticos, creo que hay otra expresión más feliz. Sí, porque me niego a entrar por esos caminos que califican la conducta política remitiéndose a la vida privada, prefiero buscar una categoría, un concepto claro y distinto, para comprender lo que está pasando en España. Vuelvo a dar mil rodeos para entender el "permanente golpe de Estado" al que asistimos en los últimos meses, y, al final, me encojo de hombros hasta balbucear: "el proceso revolucionario abierto por Zapatero ya ha desembocado en salvajismo ideológico", o sea, todo puede pasar. Mañana, por ejemplo, puede acabarse con la Ley de Partidos, y con ella 160 artículos del Código Penal, igual que ayer, o sea el sábado, se le llamó collar de perlas a un rosario.

Mi amigo me interrumpe y me recuerda al fin sus dos tesis fundamentales sobre España. Primero, nada tiene que ver la política de Zapatero con las políticas socialdemócratas del resto del mundo, o sea, nada que ver con el famoso pacto entre las diferentes fuerzas políticas para asegurar el futuro del Estado de bienestar. La política de Zapatero es mínima porque ha querido "legitimarse" ocultando sus debilidades. Segundo, el Gobierno ha sido vencido en su principal obsesión: pasar de largo del 11-M. En efecto, los analistas del proceso político español, tanto los observadores españoles como los extranjeros, ya no pueden dejar de vincular el poco interés del Gobierno por saber qué sucedió el 11-M, por un lado, con las conversaciones entre el Gobierno y ETA, por otro. He ahí, concluye mi amigo, la primera prueba de que el Gobierno ha fracasado en su intento por alcanzar cierta legitimidad para no convocar elecciones anticipadas.

Quizá eso no signifique que el Gobierno está derrotado. Eso sólo se sabrá después de unas elecciones. Pero, cuando los más reputados investigadores del mundo vinculan el 11-M al proceso de rendición del Gobierno a ETA, podemos decir que el Gobierno está cada vea más deslegitimado para cualquier acción política que no sea convocar cuanto antes elecciones generales.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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