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Sarkozy y las bases éticas del capitalismo

Sí, hace tiempo, casi una eternidad, que los comunistas y los socialistas mataron a Marx. Su utilización es mera retórica. Faramalla. Pero Bush ha venido a darle la razón a Marx: hay valores morales, sociales y vitales que el mercado no protege

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No puedo dejar de suscribir la demanda que ha hecho Sarkozy de refundar el capitalismo sobre bases éticas, la del esfuerzo y el trabajo y las de la responsabilidad. Una semana antes yo había propuesto algo parecido aquí, en la columna, titulada "Fe ciega o autoridad liberal", al reconocer no sólo los límites del "capitalismo especulativo de carácter financiero", sino también la limitación más general de la lógica del capital que puede "tender a la ceguera cuando algo, verdaderamente excelso y relevante, no puede expresarse en precios". Por lo tanto, sigo reconociendo, no faltaba más, que la lógica del mercado capitalista es la base de la civilización, pero esto no puede convertirse en una creencia sin límite.

Así pues, estoy de acuerdo con la crítica lanzada por Sarkozy al capitalismo financiero, especialmente a sus diatribas contra los sueldos y los beneficios de sus ejecutivos, porque pone al sistema al borde de la catástrofe; pero, en mi opinión, si esa crítica quiere tener plausibilidad, viabilidad y concreción, tiene que extenderse a la entera lógica del sistema capitalista, o sea, a esa limitación que señaló con especial precisión Marx y que, ahora, parecen haber redescubierto Bush y otros muchos demócratas. Es menester a través de una política genuinamente liberal y democrática, o sea, una política basada en el funcionamiento limpio y transparente de un sistema democrático dispuesto a regenerarse constantemente, poner freno a esa lógica ciega que pudiera llegar a confundir, como cualquier necio, valor y precio.

Reconozcamos, sí, la aportación de Marx. Éste hizo un buen diagnóstico del sistema de civilización del capitalismo. Más aún, reconozcamos también que es difícil encontrar un autor de su época que hiciera un canto más grande a las bondades del mercado, aunque su pronóstico de sustitución del capitalismo por el comunismo fuera calamitoso. Pero, insisto, aunque su proyecto fuera y, sospecho, sigue siendo inviable, sobre todo sin pagar el precio de la libertad, hemos de reconocer que su observación al capitalismo sigue siendo importante. Así las cosas, permítanme que repita una argumentación del viejo Marx que pudiera ser un aliciente para refundar, como ha dicho Sarkozy, el capitalismo sobre bases morales.

Sí, hace tiempo, casi una eternidad, que los comunistas y los socialistas mataron a Marx. Su utilización es mera retórica. Faramalla. Pero Bush ha venido a darle la razón a Marx: hay valores morales, sociales y vitales que el mercado, por desgracia, no protege. Es menester que el Estado "intervenga", siempre y cuando aceptemos que éste, después de la Segunda Guerra Mundial, apenas sería nada sin la aceptación de que existe una lógica económica del mercado muy diferenciada de la administración estatal, cuyas funciones de regulación y autorregulación no pueden ser sustituidas por una planificación estatal sin poner en peligro la sociedad democrática.

Marx, en fin, vio la primera parte del asunto; más aún, ha sido uno de nuestros "clásicos" contemporáneos que vio con agudeza inusual esta limitación moral del capitalismo. Pero naturalmente fue incapaz de dar una solución, porque despreció la democracia como mecanismo de control de los excesos del capital. Pensaba que el capital, al modo de los arriesgados financieros actuales, era algo mágico. Casi fantástico. Virtual. Fracasó.

Pero su fracaso no debe impedirnos leer sus aportaciones. Basta leer la primera sección del Manifiesto Comunista para hacerse cargo de que pocos como el autor alemán han visto el poder emancipador de la sociedad vertebrada sobre los "precios de las mercancías" (hoy diríamos sobre el subsistema económico basado en el dinero).

La burguesía gracias al rápido perfeccionamiento de todos los instrumentos de producción y a las facilidades infinitas que introduce en todas las redes de comunicación, empuja incluso a las naciones más bárbaras a la civilización. Los bajos precios de sus mercancías son la artillería pesada con que tira por tierra todas las murallas chinas, con que obliga a capitular incluso al más pertinaz horror que los bárbaros puedan sentir por lo extraño. La burguesía obliga a todas las naciones a asimilar la forma de producción burgués si no quiere irse a pique; obliga a todos a introducir por sí mismos la llamada civilización (...). En una palabra, se crea un mundo a su imagen (...). Y lo mismo que sucede en la producción material, acontece en lo espiritual.

Parece difícil hallar, incluso hoy, un autor que exprese con tanto optimismo las virtudes del capitalismo. El problema para Marx comienza, y es el detonante último de todas las grandes crisis económicas, cuando aparecen realidades, valores y prácticas humanas que no pueden expresarse en precios, o peor, nadie sabe cuál es el valor del dinero capaz de fijar precios. ¿Puede sobrevivir una sociedad como si el dinero se hubiera volatilizado? ¿Es posible vivir en un mundo virtual? ¿Puede una civilización quedar a merced de un sistema económico cerrado sobre sí mismo que, a su vez, depende de un lenguaje elaborado sobre la base del "valor" económico? ¿Puede una sociedad sobrevivir sobre las capacidades de unos agentes financieros que, lejos de controlar las inseguridades que lleva aparejado una inversión, inventan productos que antes que gestionar sus riesgos los producen? Dudo mucho de que ninguno de esos interrogantes sea viable sin tener en cuenta la objeción de Marx. Al fin, una observación moral como la de Sarkozy.

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