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¡Sentimentalización de la política!

No será suficiente administrar bien y con transparencia, sino que se necesitará un proyecto político que haga posible lo imposible. Por otro lado, este fue siempre el primer y quizá único objetivo de todo político sensato.

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Excepto la mención crítica a la "sentimentalización" de la política, o sea, que no hará demagogia a la hora de gobernar, creo que la presentación del libro de Rajoy adoleció de política. Faltó, sí, pasión. Apenas dijo nada sobre su proyecto político. Me asombró la parquedad de su discurso. Su perfil bajo, su voluntad de pasar desapercibido, su esfuerzo casi titánico, valga el oxímoron, para no decir absolutamente nada relevante acerca de la trágica situación política y económica de España es, se mire desde cualquier perspectiva, extraño. Esa actitud mueve a este cronista a cierta melancolía, por supuesto, como toda genuina melancolía, no exenta de alegría porque, al fin, este hombre con sentido común puede alcanzar el poder frente a la demagogia populista del socialismo español.

Mi tristeza alegre, esa especie de alegre desamparo político, no significa que yo dude de que Rajoy lo hará infinitamente mejor que Zapatero; menos aún cuestionaré la prudencia de Rajoy ante la grave situación económica; tampoco tengo ninguna objeción sobre la capacidad de la cúpula del PP para elegir, en un futuro inmediato, a los mejores para la buena gobernabilidad del país; y, por supuesto, no seré yo quien critique la llamada de Rajoy a la concordia política, cuando el icono dominante de la actual situación histórica sigue siendo, por voluntad de Zapatero y los socialistas, "Los dos españoles a garrotazos" que pintó Goya.

Rajoy tiene todo el derecho del mundo a presentarse, como por otro lado hiciera Aznar durante ocho años, como un gobernante pragmático, casi un tecnócrata, para quien lo único decisivo es la buena gestión de los bienes públicos y, por supuesto, rebajar las cifras del terrible desempleo. La voluntad de mostrarse antes como un buen gestor y administrador de una empresa que por sus proyectos políticos tiene, sin embargo, un límite en los momentos presentes. La empresa España está en bancarrota, sobre todo y fundamentalmente, porque el modelo territorial es inservible. Las Autonomías son el atroz mecanismo para vaciar y desmontar los dos grandes inventos de la política de nuestro tiempo: el Estado del bienestar y el Estado de derecho.

No será suficiente administrar bien y con transparencia, sino que se necesitará un proyecto político que haga posible lo imposible. Por otro lado, este fue siempre el primer y quizá único objetivo de todo político sensato. Nunca se consigue lo posible si no se intenta una y otra vez lo imposible. La Historia con mayúscula así lo prueba. Pocos han sido los pensadores de la política, independientemente de su mayor o menor realismo, desde Platón a Weber y pasando por Maquiavelo, que hayan dudado un solo instante de esa prueba de la Historia. Rajoy, quiera o no quiera, tendrá que decir, vaya que sí tendrá que decirlo, cuáles son sus proyectos renovadores para una gran nación a la deriva. ¡No se pueden administrar bienes si no existen!

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