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Silencio y coherencia

No estamos ante una esfinge. Se equivocan los británicos que critican a Rajoy por guardar silencio. Se trata de un político con sus tiempos y sus maneras.

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No estamos ante una esfinge. Se equivocan los británicos que critican a Rajoy por guardar silencio. Se trata de un político con sus tiempos y sus maneras. Rajoy ha estado en Pontevedra y ha hablado. Ha ido directo al grano y ha sido sencillo. Se ha percatado de que los políticos encastillados en el silencio tienden a desaparecer, porque pronto pierden el patrimonio de confianza que depositaron en él sus electores.

Pero, en estos momentos de traspaso de papeles, no me preocupan demasiado los silencios de Rajoy. Entre otras cosas, porque ahora es tiempo de hacer cosas y tomar medidas. En todo caso, creo que el silencio de estos días le ha hecho bien al presidente electo. La envoltura de silencio, el hermetismo y no adelantar, en fin, nada sin tener los datos exactos de cómo está España, pueden hacer más eficaces las medidas económicas que tenga ya preparadas para salir del atolladero.

Por otro lado, bien sé que Rajoy tiene, a veces, un estilo de comunicarse con la nación que no casa con el presente; mientras que ahora se comunica mucho y casi al instante, Rajoy prefiere transmitir la información con los modos propios de las sociedades ilustradas de otras épocas. Se diría que para Rajoy la información tiene que ser exacta, filtrada por el pensamiento conjunto de su partido y publicitada, es decir, asumida como razón pública por todas las instituciones políticas.

Rajoy, en cualquier caso, es previsible. Coherente. Es un cambio sustancial respecto a Zapatero. Aunque las cosas estén muy mal, he ahí un motivo para cierta esperanza. La crisis puede ser un motivo para hacer una política de la verdad inexistente con Zapatero. Es menester, sí, una "política de la verdad". Por supuesto, no soy un ingenuo y ya sé que no se acabará con las ocultaciones, los globos sondas y la manipulación de la información, pero entramos en una nueva etapa más limpia y transparente, entre otras razones, porque el engaño, en esta situación dramática que vive nuestra economía, sería trágico para todos.

Tengo la sensación de que la propia figura de Rajoy, independientemente del carisma, trae cierta tranquilidad y la oportunidad de emprender algo más que reformas y recortes. Rajoy podría hacer posible la "reforma" de España, de un modo de vida política nacional, que nada tenga que ver con el engaño y el embuste. En esto Rajoy es coherente y ahora, como en la campaña electoral, insiste en que la salida de la crisis "no es tarea de un gobierno solo, es tarea de la nación, de las fuerzas políticas, de los agentes sociales y económicos y de todos los españoles." 

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