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Sin liderazgo y sin adversarios

Quien recurre a ese tipo de treta burocrática, a esos enredos de falsa política, para no enfrentarse a otros candidatos, difícilmente podrá en un momento determinado, o en una circunstancia dramática, echarse al país sobre sus hombros.

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El silencio de Aznar mantiene vivo a Rajoy, pero la estulticia con la que se conduce el segundo, especialmente desde que perdió las elecciones, no deja hablar al primero. Entre estas dos actitudes, o mejor, en este círculo vicioso cabe contextualizar el Congreso del PP. No creo que darle a Aznar un puesto secundario en el congreso de Valencia, última estupidez de Rajoy, vaya a romper este círculo trágico. Aznar es un tipo, por desgracia en este caso, duro. Estoico. Seguirá callado. ¿Cuántas faenas aguantará todavía Aznar antes de que su propia dignidad no quede seriamente dañada? ¡Quién lo sabe!

Así las cosas, tenemos que intentar responder a preguntas sencillas y concretas, preguntas políticas, del tipo: ¿saldrá reforzado el liderazgo del PP del Congreso de Valencia? ¿Será Rajoy el líder capaz de llegar hasta las próximas elecciones y someterse al vértigo de perder por tercera vez ante Rodríguez Zapatero, o quizá ganar? Tengo serias dudas para contestar afirmativamente. He aquí una muy elemental, casi un asunto previo al análisis de las distintas propuestas que pudieran surgir en este congreso, y que tiene que ver con la apropiación llevada a cabo por Rajoy de todos los avales de los compromisarios para presentarse a la presidencia de su partido. No quería competidores. Lo ha conseguido sobradamente. Ésta es la base de que todos los líderes del PP, sobre todo, al principio, apoyen sin fisuras a Rajoy. Es el fundamento inequívoco de que asistiremos a un congreso sin críticos y sin líderes. Es absurdo plantear que los críticos están muertos, o peor, que el líder saldrá reforzado. Eso no es análisis político sino ciencia ficción.

Lo determinante es que el comportamiento acaparador de Rajoy, su falta de profesionalidad y vocación genuinamente políticas, arruina un congreso antes de haber empezado. Y, además, revela a los observadores de este proceso que la inseguridad y la carencia de imaginación e inteligencia de este hombre no puede llevar a buen puerto a sus correligionarios. Cabe esperar lo peor. Sí, sí, al principio, insisto, todos lo seguirán; pero, ay, después... En cualquier caso, nadie espere nada bueno del voluptuoso acaparamiento de avales al que se ha entregado Rajoy en los últimos meses. Muestra, por otro lado, el profundo miedo de este hombre a competir con otros posibles candidatos. ¿Conseguirá este congreso transformar la pusilanimidad de Rajoy en carisma racional? Imposible. No hay viabilidad para la confrontación racional de candidaturas. No veo, pues, cómo Rajoy puede transformar su pusilanimidad en magnanimidad y grandeza, que caracteriza a todo genuino líder democrático.

Ojalá me equivoque, pero quien recurre a ese tipo de treta burocrática, a esos enredos de falsa política, para no enfrentarse a otros candidatos, difícilmente podrá en un momento determinado, o en una circunstancia dramática, echarse al país sobre sus hombros, como suele decirse vulgarmente. Un líder es el hombre que toma decisiones oportunas en las circunstancias más desagradables. Un líder es alguien, como decía Ortega, que tiene una idea clara de lo que se debe hacer desde el Estado en una nación. Rajoy tuvo dos grandes oportunidades de demostrar su liderazgo y fracasó. La primera fue después del 11-M, después del horrible atentado o golpe político posmoderno, de 2004. La segunda fue el día que ETA rompió la tregua con el Gobierno de Zapatero, asesinando a dos hombres y destruyendo parte de una terminal de Barajas. Después de eso, todo ha sido descenso. Ruina. Reducción del carisma secular y democrático, es decir, racional, a "resentimiento", que siempre está basado en verdades a medias, ilusiones bobas y displicentes ante los grandes desafíos.

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