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Columna publicada el 20-04-2004
El agujero negro de la prensa del lunes fue esconder el trabajo periodístico de Fernando Múgica sobre “quién está detrás del 11-M”. Si fuera verdad que Zapatero adelantó la noticia sobre el regreso de las tropas españolas de Irak para dejar en segundo plano una investigación ejemplar para el desarrollo de la democracia, sería para salir corriendo de este país. Lo cierto es que el trabajo ha quedado en segundo plano, a pesar de que el análisis político de Fernando Múgica sobre “los agujeros negros de los crímenes del 11-M” será un texto clásico para estudiar en las facultades de Ciencias Políticas. No hay concesiones a la imaginación. Tampoco concede crédito a las asociaciones de ideas que no estén contrastadas con lo real. Menos aún entra en hipótesis de carácter contrafáctico. Estamos ante una pieza estrictamente política, porque se limita a describir con inteligencia sin par los datos derivados de la investigación policial sobre quiénes son los verdaderos responsables, especialmente desde el punto de vista de la planificación, de los atentados.
A la par la investigación muestra, con perspicacia de Maquiavelo, que es imposible delimitar y distinguir con claridad conceptual entre los cerebros de los terroristas por un lado, y quiénes los investigan por otro. Cuando los lectores se percatan de este último asunto, o sea, de lo difícil que resulta separar a quienes planifican los atentados de la dirección de quienes llevan a cabo las primeras investigaciones, que concluyen en el suicidio colectivo de Leganés, se les hace un nudo en el estómago, y optan por abandonar la lectura. No quieren seguir leyendo para no sentir lástima de la condición humana. Otros, optan por volver a leer el texto por si hubiera intención, mala fe, por parte del investigador; en realidad, buscan contradicciones para rechazarlo. No existen, sin embargo, incoherencias en este texto, porque es una descripción grandiosa de los sucesos. Responde a un lenguaje significativo de la realidad. Lejos de tapar la realidad, la significa.
El informe pone ante nuestros ojos con lenguaje verdadero, o sea significativo, las opacidades “políticas” del criminal atentado de Madrid contra la democracia. Enumerar algunas de las cualidades de este texto no es sino invitar a un debate público sobre quién está detrás del 11M; valga, pues, recordar algunas de ellas: primero, queda en evidencia la falta de colaboración entre las diferentes fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado a la hora de la investigación, especialmente, es alarmante la marginación de la Guardia Civil de la investigación; segundo, es obvia la mala información que se le transmite en un primer momento al Gobierno por parte de la policía; tercero, las reticencias de nuestros investigadores a recibir ayuda de EEUU o Israel; cuarto, la falta de diligencia y en otros la aparición como por arte de magia de “pruebas” de películas; quinto, la falta de pericia para distinguir entre diferentes tipos de explosivos. Etcétera, etc.

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