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Tabaco, jamón y aceite

El Gobierno de Zapatero siempre ha actuado a golpes de efectos propagandísticos. Su oportunismo no ha tenido límites. La última ley contra los fumadores es un ejemplo más de esa forma de gobernar al margen de lo real. Se criminaliza al fumador, pero no se dice nada de la industria tabaquera que, como casi todo el mundo sabe, tiene contraídas gravísimas responsabilidades en la manipulación del tabaco. En EEUU, por ejemplo, el gran debate no es dónde se fuma sino qué se fuma, no se entra en la privacidad del consumidor sino en el daño que le puede hacer un producto falsificado; la bronca no es contra la libertad del fumador sino contra quienes adulteran el tabaco, es decir, contra todos aquellos que lo manipulan para crear adiciones incurables.

Mientras que las leyes sobre fumar o no fumar, consumir o no consumir un producto, en cualquier país civilizado tratan de regular decentemente el mercado del tabaco, aquí se criminaliza directamente al consumidor a la vez que, paradójicamente, se le siguen dando alicientes para que continúe consumiendo un producto, que seguramente está adulterado por los malos controles del Gobierno. El problema, en España, es que esos malos controles, esa desidia de la administración para regular el consumo y venta de determinados productos innecesarios, se extienden a la hora de vigilar el comercio y consumo de productos de primera necesidad.

Resultan terribles los casos del jamón y del aceite. Estos dos productos estrellas de la alimentación y el comercio de los españoles están puestos en cuestión por una mala actuación del Gobierno. Hay muchos productores y comerciantes honrados de jamón de pata negra que, en los últimos meses, no puede vender sus productos, porque de repente, como por arte de magia, han aparecido en el mercado millones de jamones que se venden como si fueran de pata negra, pero no lo son... ¿Qué ha pasado? ¿Quién dice cuál es el genuino jamón de pata negra y cuál el falsificado?

Algo parecido al jamón está sucediendo con el aceite de oliva, aunque aquí el problema tiene ramificaciones internacionales. La desidia de la administración en el control y la regulación de mercados tradicionalmente muy consolidados, por ejemplo, el del aceite de oliva está poniendo tanto a consumidores como a comerciantes sobre aviso; por ejemplo, una cadena de grandes almacenes, recientemente, ha comenzado una promoción de "aceite de oliva virgen extra" a un precio tan bajo que lo hace sospechoso de "competencia desleal", falsificación de aceite, o cualquier otra cosa que implique adulteración de nuestro tesoro nacional. ¿Cómo explicar que el litro de aceite de oliva extra que vale de tres euros para arriba se venda a 1,70 euros en esa cadena? Es raro...

En fin, cualquier cosa puede pasar con el jamón y el aceite de oliva, sobre todo, si tenemos en cuenta que el Gobierno de Zapatero por un lado, y los mesogobiernos autonómicos por otro, lejos de actuar como genuinos árbitros de un mercado que nos asegurase lo que estamos comprando y comercializando, siempre se han comportado con arbitrariedad, falta de rigor y miedo a decir quién está infringiendo la ley sobre eso que llaman mercados emblemáticos de la marca España, o sea, el del jamón y el del aceite.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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