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Tensión y violencia

Aún hoy, y eso lo sabe cualquiera que haya participado en una manifestación organizada por el PSOE, la violencia es una técnica a la que nunca renuncia el socialismo en particular y la izquierda en general.

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Tensión significa violencia. Agresión. Negación de lo común. De la Política. De la democracia. No busquen otro sentido a las palabras de Rodríguez Zapatero. Es la misma ideología de su interlocutor: "Os conviene muchísimo la tensión..." La violencia.

Circunstanciemos históricamente esta ideología para entender un poco más las palabras de Rodríguez Zapatero. Forzar las situaciones de enfrentamiento ideológico y político hasta llevarlas a la violencia revolucionaria, o sea, matar al adversario por una causa abstracta, forma parte del ideario socialista de todos los tiempos. Atemperar esa violencia ideológica fue siempre uno de los cometidos de los partidos socialistas occidentales, especialmente aquellos que utilizaron las vías democráticas para llegar al poder. La socialdemocracia alemana, por ejemplo, consiguió, mejor que peor, templar esa violencia para participar en el proceso democrático, e incluso renunció definitivamente al camino revolucionario cuando alcanzó el poder. El problema de la violencia siempre estuvo ahí. Es una de las manchas negras del patrimonio por la emancipación del socialismo europeo.

El socialismo español, sin embargo, está lejos de haber superado esa violencia revolucionaria en la que hunde sus raíces el PSOE. La ocupación violenta de los espacios públicos siempre fue una técnica utilizada por los socialistas para tomar el poder político. Y aún hoy, y eso lo sabe cualquiera que haya participado en una manifestación organizada por el PSOE, la violencia es una técnica a la que nunca renuncia el socialismo en particular y la izquierda en general. De hecho, en España, los socialistas nunca han llegado al poder sin violencia previa a los procesos electorales desde 1931 hasta el 20004, pasando por el año 1982. Repasen esas fechas y verán cómo el PSOE nunca ha renunciado a las palabras gruesas, la tensión, la crispación y el odio... Agitar esa violencia latente hasta hacerla manifiesta siempre ha sido cometido del PSOE. Los límites que se ha impuesto el PSOE en este asunto son escasos en su historia.

La violencia, sí, fue siempre un arma clave para conquistar el poder. Las urnas, los métodos democráticos, fueron tácticas, maneras coyunturales, para llegar al poder. Los métodos democráticos nunca fueron fines para los socialistas españoles. De hecho, cuánto más oscuros sean esos métodos, mejor podrán manipularlos. Por no decir nada de la falta de respeto que, cuando el PSOE ha llegado al poder, ha exhibido respecto a la separación de poderes. Norma clave de toda democracia. En fin, democracia y socialismo, en España, siempre han estado reñidos. La democracia es una manera de enmascarar el odio socialista al adversario político. Punto.

Por eso, sólo los bodoques se han extrañado de las palabras de Rodríguez Zapatero; sólo los desconocedores de la historia del socialismo español se han asombrado de que el presidente de Gobierno diga en privado lo que no es capaz de manifestar en público; sólo quienes no han querido ver que Rodríguez Zapatero es un producto de la violencia, sí, alguien que llegó al poder después de haber protagonizado las mayores campañas de agitación y violencia contra un gobierno legítimo, que para más desgracia, al final, coincidieron con el peor atentado terrorista de la historia de España, se hacen de nuevas ante las palabras salvajes de Rodríguez Zapatero: "Necesitamos más tensión". Es normal que el hombre que, en aras de esa incultura feroz y violenta, culpó al Gobierno de Aznar del atentado 11-M, diga ahora que necesita "tensión", drama y exclusión cómo sea del adversario político.

Este hombre parece preso de lo peor de una tradición que el socialismo europeo abandonó hace lustros. Es urgente que el PSOE "vuelva", si es que alguna vez estuvo, a las tradiciones socialdemócratas. Es urgente que la izquierda, de una puñetera vez, haga su transición a la democracia. Ya sé, ya sé, que pido casi un imposible, pero es el único camino para no convertirme en un ser tan salvaje como al que critico. Para que luego nieguen algunos que la política limita a un lado con la paz y a otro con la guerra. Pues eso, que Rodríguez Zapatero está más cerca de la segunda que de la primera. ¿Conseguirá Rodríguez Zapatero que el enfrentamiento sea inevitable?

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