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Debate de investidura

Tiempos de enanos

Rajoy le ha dicho a Zapatero que votará no a la investidura, pero que está dispuesto a firmar pactos de Estado con su Gobierno. Suena tan impostada la respuesta de Rajoy como la oferta de Zapatero. Todo suena a engaño. ¿De qué Estado hablan estos señores? ¿Qué entienden estos políticos por pactos? ¿Por qué hablan sobre algo que resulta imposible concretar? ¿O es que acaso no saben esto sujetos que la justicia, el agua, los salarios, las libertades, la crisis de la economía y, en fin, todo lo que ustedes quieran añadir no es nada sin una nación fuerte y unida? Esta gente hablaba como si fueran ajenos a una historia y a unos hechos concretos. Simulaban, por ejemplo que no existían los Estatutos de Cataluña o Valencia, o que el Concierto Vasco fuera un modelo de equidad mundial.

Vergüenza ajena he sentido al oír a estos dos políticos hablar del Estado o de problemas de Estado sin mencionar la nación: la carne de la vida política, de la vida en común, ha sido deglutida por estos asilvestrados políticos. El debate de investidura ha ocultado el principal problema de España. Rodríguez Zapatero y Rajoy han hurtado a los españoles cuál es el asunto fundamental de esta legislatura. El PSOE y el PP están de acuerdo en enterrar definitivamente el espíritu y, por supuesto, la carne de una nación: España. Para estos políticos polichinelas la realidad nacional, la nación, ha desaparecido.

¿Qué entenderán estos políticos por Estado? Vivimos en uno de los pocos países del mundo "civilizado" donde los políticos hablan del Estado despreciando la nación. Ni saben que es el primero en términos democráticos, o mejor, lo saben muy bien desde su uso totalitario, y están decididos a terminar con la segunda, mientras que eso les permita sobrevivir por encima de la sociedad, o mejor, de los españoles, de los habitantes, que ya parecen formar parte más de un gentío que de una nación libre. A los políticos españoles no se les cae la cara de vergüenza al hablar de una nación y una ciudadanía que sólo existen de nombre. En otras palabras, la sesión de investidura de hoy ha dejado clara una posición, a saber, los programas de vida colectiva son inexistentes en España. Los partidos políticos son únicamente máquinas trituradoras de cualquier proyecto de vida en común.

En otras palabras, PSOE y PP son los responsables del hundimiento de una sociedad en el nihilismo, en la expansión exagerada de los deseos vitales por encima de cualquier proyecto en común, y en el radical desprecio de millones de seres humanos por todo aquello que les ha facilitado sus formas de existencia; sí, la radical ingratitud de los españoles hacia su nación es el resultado de una "clase política" preocupada únicamente por comer y vivir del presupuesto estatal. Sí, sí, son los mismos irresponsables que ríen las perversiones de una señora, una periodista, que en un canal de televisión, que pagamos todos los españoles, obliga a cantar a un grupo de niños un himno secesionista catalán y no pasa nada que no sea fomentar más nihilismo y desesperación.

La señora y los niños cantando Els Segadors con la mano en el corazón y Rajoy ofreciéndose a Zapatero para firmar pactos de Estado en una nación que ellos niegan son escenas esperpénticas. Son el cortejo fúnebre de una nación en bancarrota. Son otras tantas consecuencias de una "política" de enanos. Gentes sin talento, y llenas de rencor, incapaces de ver que los problemas de Estado sólo pueden contemplarse al través y en función de los nacionales. Era patético, por poner sólo dos ejemplos, verlos discutir sobre la educación y el reparto del agua sin que ninguno de los dos recurriera a decir que son inabordables sin añadir que son asuntos nacionales... En fin, sin nación no hay ciudadanía y sin ciudadanos no hay nación. España carece de una nación fuerte y su base ciudadana no pasa de las demandas del hombre-masa de todos los tiempos.

Así las cosas, los cuatro años que nos esperan son de sangre, sudor y lágrimas. El régimen, con la oposición incorporada, sólo tiene un objetivo, que ha sido escenificado en el debate de investidura: ocultar el problema fundamental de España, a saber, ésta no existe como nación. Sólo es un nombre, una denominación, para un "Estado" extraño, raro, en manos de unas elites políticas, de unos dirigentes que funcionan al margen de sus bases y votantes, y que no quieren ni pueden garantizar la igualdad de todos los españoles ante la ley, y menos aún el ejercicio de las libertades individuales y políticas. Ni derechos ni libertades existen allí donde no hay nación. Patético ha sido el debate de investidura. El candidato mentía, pero el opositor farfullaba datos y cifras sobre el embuste gubernamental. Todo era un simulacro entre políticos pequeños, casi enanos, que no quieren saber nada sobre España, sobre la nación, que sigue en manos de ETA y los nacionalistas.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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