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Hirsi Ali

Tolerancia contra relativismo moral

Ayaan Hirsi Ali es el nombre de la mujer que ha recibido el Premio a la Tolerancia 2005, concedido por la Comunidad de Madrid, junto con el poeta cubano Raúl Rivero. Ayaan Hirsi Ali pidió asilo a los Países Bajos, en el año 1992, porque su padre musulmán decidió que debía casarse con un primo lejano, residente en Canadá. Aparte de estos datos, un par de ideas extraigo del discurso breve e inteligente dado por esta mujer el día 7 de marzo. En primer lugar, Hirsi Ali narra con lucidez que la represión no es igual en Somalia, Arabia Saudí, Etiopía y Kenia. La tiranía comunista de Somalia llevó a su familia a Arabia Saudí, un país basado en el gobierno de la ley islámica o sharia; aquí las mujeres son tratadas como esclavas y los criminales son decapitados. La dictadura teocrática, un año más tarde, deportó a Hirsi Ali y toda su familia a Etiopía. Vuelta al comunismo, o sea, vuelta a la represión y a la pobreza. Al año y medio, sus padres consiguieron instalarse en Kenia, un bello país tropical de África, que su democracia de partido único degeneró en corrupción y terror.
 
Cuando leía el texto de Hirsi Alí, me percaté al instante de que las diferencias establecidas por esta mujer entre unas y otras naciones, era la mejor crítica que se le podía hacer al retórico discurso de Zapatero sobre la “alianza de civilizaciones”. En efecto, quien no es capaz de distinguir entre naciones difícilmente podrá distinguir entre civilizaciones. Más aún, jamás será capaz de distinguir entre tolerancia y relativismo moral, que es la otra gran idea que defiende la premiada. Un relativista moral sería, por ejemplo, Zapatero que considera posible una alianza de civilizaciones porque todas son equivalentes. Zapatero nunca recibirá el Premio de la Comunidad de Madrid, mientras siga defendiendo ese principio de equivalencia.
 
Tolerante, sin embargo, es la persona que defiende que los valores occidentales, especialmente la defensa de la libertad, no tiene equivalencia ni en las naciones citadas ni en ninguna otra que tenga como base de su “civilización” la religión islámica. La libertad, que termina donde limita con la libertad de los otros, base de la tolerancia, que se aplica tanto en la vida pública como en la privada, no es equivalente en la llamada “civilización” islámica.
 
La confusión, pues, entre relativismo moral y tolerancia es grave, porque mientras que los defensores de la segunda pretende que el intolerante aprenda tolerancia, que el mundo islámico aprenda democracia, los defensores del primero, de que todo es igual, promocionan con su actitud el verdadero peligro de Occidente, a saber, que el tolerante se vuelva intolerante.
 
Mientras haya personas como Hirsi Ali, la libertad estará a salvo. Pero que nadie olvide la prenda pagada por esta mujer, pues que, como me recuerda Isabel Gallego, por luchar contra el fundamentalismo islámico está mujer paga un alto precio: “Desde 1992, esta defensora de la libertad lucha contra el sometimiento de la mujer. Está lucha quedó plasmada en el guión del cortometraje “Sumisión”, en el que mostraba a cuatro mujeres musulmanas tatuadas con versos denigrantes para la mujer extraídos del Corán. Este corto supuso que sus creadores se convirtieran en el blanco de numerosas amenazas por parte de grupo radicales musulmanes. En el caso del director de la cinta, Theo Van Gogh, las amenazas se hicieron realidad en noviembre de 2004, cuando fue asesinado. Desde ese día Ayaan Hirsi Ali vive protegida las 24 horas del día.”

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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