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Esperanza Aguirre

Un paso atrás

Hasta el lunes pasado, y a pesar del espectáculo que montó Rajoy en Elche, pensé que el contraste de posiciones, e incluso el cruce de descalificaciones entre líderes del PP, podría tener un resultado clarificador de cara al Congreso del PP. Pero después de la actuación de Esperanza Aguirre en el programa de televisión 59 segundos creo que ya no es posible esperar demasiado de una confrontación sólo potencial y bajo el pretexto de que es menester el debate. La política está hecha de cientos de cosas, entre las que destacan las opiniones y las mentiras, pero jamás de dudas. El liderazgo es la antítesis de la duda.

Esperanza Aguirre, sin embargo, dudó en esa comparecencia televisiva. Dudó de todo, incluso de sí misma. Lo siento, pero creo que se equivocó y sus asesores no supieron transmitirle que la política, lo común, por muy contingente que sea tiene que estar a la vista. Su postulación para suceder a Rajoy, que es en el fondo lo que millones de personas querían ver, no sólo fue dudosa sino medrosa. Quizá me equivoque, pero esa actitud, aparte de cansancio, produce aturdimiento en los observadores para ver lo que está pasando en el PP. Esas posiciones ambiguas alientan más a negar lo real, por muy perverso que sea, que a su transformación.

En fin, quien no quiera ver lo real, a veces lo obvio, jamás entenderá nada de la vida política. La gente se engaña y confunde el deber ser con el ser, y sus deseos con la racionalidad, acaso por eso hay gente que cree a pies juntillas que saldrá algo sensato de este guirigay que han montado los del PP, después de haber perdido las elecciones. Pero lo cierto es que nadie saldrá reforzado, excepto el actual presidente del partido, y menos aún habrá una clarificación de ideas y programas para poner freno a Zapatero en su demolición de la idea de España como nación democrática.

Y, además, se equivocan rotundamente quienes piensan que será fácil desalojar del poder a Rajoy. Varias veces he mantenido en este periódico, y pido perdón por la reiteración, que Rajoy ya había ganado hace tiempo la posible batalla del congreso que se celebrará en junio. Sencillamente, porque había eliminado a todos sus oponentes antes de las elecciones. A estas alturas ya no hay batalla en el PP. El ganador será Rajoy, que además se afianzará en el poder, sí, sí, a medida que el PP pierda elecciones autonómicas. ¿O acaso conoce alguien a un presidente de partido, o un futuro candidato a la presidencia del Gobierno, que haya dimitido de su cargo porque otro haya perdido unas elecciones autonómicas? No; pues entonces, por favor, que nadie alimente el cuento de la lechera al revés.

¡Ganará, sí, Rajoy, pero el PP perderá! Se admiten apuestas.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.