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Un pensamiento político sobre el manifiesto

Cuando la defensa de la lengua común la proponía la derecha en cualquiera de sus versiones nadie se adhería, pero ahora que lo propone la "izquierda" bonita todos parecen que van, o mejor, vamos, como corderitos al redil de los benefactores de la causa.

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La batalla de la lengua común está perdida. Nadie espere mucho del manifiesto por la libre utilización del castellano por parte de todos los españoles. Esto es irrecuperable con el actual sistema político. Es ya una de las grandes tragedias que vive una España fragmentada por el nacional-socialismo y la anuencia, en algunas comunidades, del PP. No obstante, yo lo he firmado; por favor, cómo no hacerlo, si firmaba otros similares cuando todavía era una causa que podía pelearse y, sobre todo, ganarse, cómo iba a negarme ahora, exactamente, cuando los nacionalistas, los socialistas y el colaboracionismo lacayo de los del PP han hecho imposible que un tercio de la población, por lo menos en edad escolar, no pueda escolarizarse en la lengua común en los territorios españoles.

Antes, pues, firmaba esos manifiestos por razones políticas; ahora, para que nos vamos a engañar, lo hago porque es una causa perdida, excepto para sus promotores, que sacarán, sin duda alguna, algún rédito electoral y un poco de publicidad. Por lo tanto, es claro que lo firmo porque es sobre todo una causa moral, aunque haya dado otras razones culturales para hacerlo en el suplemento de Ideas de este periódico; pero lo que demuestra está movida del manifiesto, que patrocina El Mundo, es un asunto más relevante para comprender el panorama político de España, a saber, el absoluto desbarajuste de la derecha intelectual a la hora de hacer política y, por el contrario, la precisión dogmática, casi geométrica, de la izquierda cultural para apropiarse de una cuestión de todos.

En efecto, cuando la defensa de la lengua común la proponía la derecha en cualquiera de sus versiones nadie se adhería, pero ahora que lo propone la "izquierda" bonita todos parecen que van, o mejor, vamos, como corderitos al redil de los benefactores de la causa. ¡Bárbaro país! La izquierda bonita española es peor que maniquea, muchísimo peor, no ha alcanzado aún la crisis de conciencia por la que pasaron el resto de las "izquierdas" más civilizadas. No son maniqueos, porque eso implicaría que tienen una pureza de conducta y defienden de modo intransigente sus opiniones. Al contrario, nuestros intelectuales de izquierda cambian de opinión con gran facilidad, pues que lo que ayer defendían otros, si les interesa por motivos sectarios o personales, hoy lo defienden ellos como si fuera una verdad de la que nadie pudiera sustraerse, si no es al precio del estigma personal y la descalificación intelectual. El maniqueo es dualista, mientras que el ideólogo de la izquierda española actúa con doble rasero de medir, o sea, si lo digo yo es bueno, pero si lo dice el otro es malo.

El maniqueo es coherente y defiende su verdad. El intelectual español de izquierda es incoherente e hipócrita. Son intelectuales de facción. ¿Tienen algo que ver los primeros firmantes con este modelo de intelectual español de izquierda? Sospecho que más de lo un bienpensante se atrevería a decir aquí, pero de lo que no podemos dudar es de las afirmaciones taxativas y dogmáticas que la mayoría de esos intelectuales del manifiesto han hecho muchas veces: antes muertos que votar al PP. Jamás votarían al PP por democrático que sean. Ellos son de izquierda y punto. Todo para el PSOE o, en este caso, para UPyD; entre ellos se halla el hispano-peruano, Mario Vargas-Llosa, que en esto tampoco ha pasado, al menos en España, por la citada crisis de conciencia que han experimentando en alguna ocasión los intelectuales occidentales ante las posiciones dogmáticas y de "comecuras" del izquierdismo español, que ellos llaman "lacismo". Tampoco creo que el señor Vargas Llosa le haga muchos ascos al aborto libre y gratuito y al supuesto derecho a palmar cuando a uno le venga en gana. Peor aún, ni siquiera creo que respeten a las personas que mantengan otras opiniones sobre el particular. En fin, ¿hubiera firmado este manifiesto el aspirante a Premio Nobel si el manifiesto hubiera estado liderado por el PP, o mejor, por gentes independientes, por ejemplo, Gustavo Bueno, o cercanas al PP? Me temo la peor respuesta.

Por otro lado, este manifiesto revela la estulticia de la derecha a la hora de hacer política, pues que una cuestión que podría ser el centro de su agenda cultural, la defensa de la lengua común, la entrega sin nada a cambio a un sector relevante de la izquierda sin percatarse de su importancia. Aquí no es un problema sólo de Rajoy y los suyos sino de todos, consulten, por ejemplo, los "interesantes" cursos de verano que impartirá FAES, el think tanks del PP, a cargo de correctos ponentes, a veces muy sabios, quizá demasiado, pero no hallarán por ningún lugar un tema que es decisivo para el porvenir de nuestra nación: el uso de la lengua común, o peor, la prohibición por determinadas comunidades autónomas de la lengua común.

"El Derecho a tener derecho" a hablar castellano en toda España sería un buen curso para los correspondientes que prepara esta institución para el próximo año. Le brindó la idea al director de esta institución, al bueno de Jaime García-Legaz, que seguramente no le parecerá demasiado exagerada para integrar en el próximo curso sobre "La tiranía de lo políticamente correcto".

Vale.

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