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Memoria histórica

Una ley crispante y a-constitucional

Desconozco cómo saldrá del Congreso la perversa Ley de la Memoria Histórica, pero nadie cuestionará los enfrentamientos personales, las rupturas institucionales y, en fin, las brechas abiertas sobre el tejido social y moral de nuestra sociedad causadas durante su tramitación parlamentaria. Esa violencia se extiende no sólo sobre la sociedad en general sino también sobre determinadas leyes anteriores, y muy especialmente contra la Constitución de 1978, que estaban dirigidas a reparar material y moralmente a las víctimas de lo estragos pasados.

Fuera de las Cortes nadie podrá negar que esta iniciativa legislativa del Gobierno sólo ha generado crispación y malestar en millones de ciudadanos, incluidos millones de votantes del PSOE. Por ejemplo, los debates generados en el espacio público por este proyecto de ley están siempre en el límite de la política, y casi siempre al margen de la posibilidad de construir consensos, cuando no muestran la verdadera faz de quienes defienden este engendro de ley como ha sido el caso de quienes abandonaron un plató de televisión para estigmatizar los argumentos de Nacho Villa contra la viabilidad de la futura norma. No se trata de debates agrios con argumentos afilados, sino de descalificar sin ningún tipo de razonamiento a quienes consideran que esta ley sólo crea crispación y malestar. El comportamiento sectario de esa gente en una televisión pública así lo demuestra.

Pero si esta ley es absolutamente innecesaria desde el punto de vista político, es decir, desde la posibilidad de crear consensos en una sociedad democrática basada en el conflicto, aún lo es más desde la perspectiva constitucional. No es menester ser jurista, ni siquiera especialista en nuestra Constitución, para saber que este proyecto de ley atenta en su exposición de motivos contra nuestra norma fundamental. En efecto, quien haya redactado la motivación de esa ley, sin duda alguna, cae en el siguiente dilema: o no tiene ni idea de lo que dice la Constitución o es un perverso que pretende sustituirla. El siguiente párrafo del proyecto de Ley es contundente contra la Constitución: "La Ley incluye una disposición derogatoria que, de forma expresa, priva de vigencia jurídica a aquellas normas dictadas bajo la Dictadura manifiestamente represoras y contrarias a los derechos fundamentales con el doble objetivo de proclamar su formal expulsión del ordenamiento jurídico e impedir su invocación por cualquiera autoridad administrativa y judicial".

He ahí, sin ningún tipo de adorno y matiz, una forma de considerar que la Constitución española no debe de tener por sí misma fuerza para derogar cualquier norma contraria a ella y muy particularmente, como me advierte el amigo García Nuño, el punto tercero de la Disposición Derogatoria única de nuestra Carta Magna que dice: "Asimismo quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a lo establecido en esta Constitución." Así pues, la Ley de la Memoria Histórica no sólo cuestiona la Constitución sino que quiere suplantarla sin ningún tipo de rubor.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.