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Una sensación extraña

Los estados de ánimo como la vida política cambian. Así, el sábado estaba emocionado, porque un millón de ciudadanos en la calle es algo único en la historia de un país acobardado por las elites políticas y pastoreado por unos medios de comunicación, casi siempre, al servicio del poder. La creación de la opinión pública está dominada más por mediocres y sectarios, el hombre-masa de Ortega, que por inteligentes hombres capaces de ver los cambios políticos. El domingo, pues, la prensa no me sorprendió sino que me dejó estupefacto. La miserable reacción de los pobres, intelectualmente hablando, medios de comunicación fue esconder la grandiosidad del acontecimiento.
 
Algunos periódicos resultaban patéticos. Patética fue la portada de El País, porque tuvo que informar de lo que no quería, mentir sin necesidad y reconocer que el Gobierno tiene que atender las reivindicaciones de las víctimas. Pero era más patética la del periódico que, según su director, quiere recoger el espíritu de la derecha española. El ABC era incapaz de reconocer la realidad. El “neutro” y melifluo titular: “Manifestación multitudinaria contra Zapatero” ocultaba la verdad: “Casi un millón de ciudadanos contra la negociación del Gobierno con ETA”.
 
Pero no cargaré las tintas contra nadie, porque, en el fondo, y esto es lo que debemos resaltar, el suceso fue tan importante que los medios de comunicación, empezando por los periódicos, quedaron desbordados. Un millón de ciudadanos en la calle diciendo que el poder no es de Rodríguez Zapatero, sino de todos los ciudadanos de España ha dejado con las posaderas al aire a las agencias de socialización políticas ligadas al PSOE, casi todas, y al PP lo ha puesto en el camino correcto al ponerse en contacto con la sociedad. El PP parece que se ha tomado en serio contactar permanentemente con los amplios sectores sociales, especialmente con todos los que miran con respeto, empezando por sus bases, su ideario. El PP, finalmente, parece que dice adiós al “centrismo” de cartón piedra al que lo quiere reducir el leninismo socialista.
 
Basta observar la reacción tribal del PSOE ante la manifestación del sábado para saber que estamos ante algo decisivo. Me atrevería a predecir que el acontecimiento político del sábado será determinante de la política de los próximos años. Sí, no lo duden, la manifestación del 4-J, un millón de ciudadanos en la calle, que estaban avisando desde el 22 de enero, no es sólo un grito para desperezar al pobrísimo Gobierno de la nación. Menos aún puede reducirse a una nueva vinculación entre el PP, el partido de la oposición, y la sociedad civil. Sin ánimo de minusvalorar esas interpretaciones, es necesario reconocer que los efectos de la manifestación no han hecho nada más que empezar.
 
El contraste entre la reacción tribal, leninista y totalitaria con que ha sido recibida la manifestación por el PSOE y sus palmeros, por un lado, con la astuta, quizá inteligente, reacción de Rodríguez Zapatero invitando a José Alcaraz a la Moncloa para dialogar sobre las exigencias de la manifestación, por otro, es una muestra del cambio en la agenda política gracias al 4-J. Por tanto, nadie diga que Rodríguez Zapatero no se inmutará. ¡Vaya que se moverá! De momento, ha reaccionado con astucia. Tratará de engañar a la AVT y, después, ofrecerá de nuevo a Rajoy negociar el pacto antiterrorista. ¡No es poco! La nueva “política” antiterrorista, de momento, está absolutamente deslegitimada.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.