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Vargas Llosa o la búsqueda de bienes en común

Es el mayor crítico de la utopía social de nuestro tiempo, el retrato crítico del revolucionario profesional, del violento con buenas intenciones, es insuperable.

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La obra de Vargas Llosa está llena de pensamiento genuinamente crítico. La rabia ideológica y la inquina partidaria son ajenas a su literatura. Sus narraciones rara vez confunden la elocuencia con la autenticidad de la vida. Rehúye tanto la prédica como el didactismo. El gusto por lo brillante y lo descomunal, la retórica y el abuso del lenguaje, rasgos comunes a una buena parte de la literatura hispanoamericana, no pasan ni de lejos por la obra de Vargas Llosa. Su capacidad de crítica es insobornable. El pensamiento del hispano-peruano nunca claudica ante el amor que siente por la palabra, la otra cara de la literatura. Vargas Llosa, lector sagaz del gran Azorín, nos ha enseñando que la primera y mayor responsabilidad del escritor es con la literatura misma.

La literatura sigue siendo la mayor contribución de la humanidad al proceso de creación de racionalidad pública. La búsqueda de bienes en común es la máxima preocupación del nuevo premio Nobel. Pocos autores hay en el mundo comparables a Vargas Llosa, pocos han contribuido tanto como él a la comprensión del mundo a través de la literatura. Después de Alfonso Reyes y Octavio Paz, creo que la obra, la vida y la personalidad de Vargas Llosa en conjunto es la más representativa de la cultura hispánica para la universal. Literato y crítico literario, variedad de géneros e indiferenciación genérica de muchas de sus creaciones, preocupación por el estilo y el pensamiento, voluntad humanista y una vida profesional de servicio público son las principales cualidades que, en mi opinión, adornan a quien ha hecho de su oficio su principal responsabilidad.

Literato total. Su arte mira tanto al corazón como a la conciencia. Porque su mayor preocupación es el hombre concreto, el hombre, desprecia al modo liberal las ortodoxias y las abstracciones; es el mayor crítico de la utopía social de nuestro tiempo, el retrato crítico del revolucionario profesional, del violento con buenas intenciones, es insuperable. Mario Vargas Llosa, grandioso novelista, nos hace disfrutar y nos exhorta a buscar bienes en común. También yo saludo en él, como dijera Octavio Paz, a la rara síntesis de la imaginación literaria y la moral pública.

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