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Vergüenza histórica

Es difícil viajar por Europa sin que alguien no te pregunte qué pasa en España. Las preguntas son sencillas: ¿De dónde ha salido ese Zapatero? ¿Cómo soportan los españoles tantos atropellos? ¿Claudicará de verdad el Estado de Derecho ante los criminales de ETA? ¿Dejará el turismo de visitar España por los incendios de Galicia o los sabotajes de los aeropuertos? "¿Qué pasa con ese Zapatero?", fue la pregunta de un policía hispano a un adolescente madrileño, que llevaba puesta la camiseta de la selección española de fútbol. Eso sucedía en Washington, en el aeropuerto de Dulles, pero en el de Newark, Nueva Yersey, fue otro policía, de marcados rasgos sajones quien volvió a espetarle: "¿No se ha enterado tu Gobierno que EEUU y media Europa está en alerta máxima por la amenaza de atentados islamistas?". Esa conversación sucedía el 12 de agosto, pero el españolito no sabía que 24 horas antes, Rubalcaba, en un gesto aislacionista sin precedentes, ya nos había tranquilizado diciendo que en España no existía peligro alguno. Viva la autarquía, debió pensar el ministro del Interior, en materia de navegación aérea.

No hay país democrático en el mundo que no muestre extrañeza por lo que aquí pasa. El ridículo espantoso de nuestra política exterior era conocido en todas partes, pero, ahora, se le suma su ineptitud para solucionar problemas menores. Por encima de valoraciones morales y políticas de nuestra clase gobernante, la incompetencia de este Gobierno empieza a ser conocida mundialmente. Su inoperancia, falta de eficacia y nivel extremado de mentiras son conocidas en el mundo entero. También los intelectuales orgánicos de Zapatero al servicio de la calumnia son objetos de ironías y burlas por toda Europa. Ni Franco en sus peores momentos tenía palmeros de tan baja calaña. Entiéndase, amigo lector, que no hablo de la maldad política del gobierno socialista para terminar con la democracia española, que sería un capítulo aparte, sino de la percepción del mundo libre sobre la incompetencia del Gobierno para gestionar con un mínimo decoro los problemas a los que está sometida cualquier sociedad abierta.

En el extranjero democrático, España es mirada nuevamente, como en los peores tiempos de nuestra historia, con extrañeza y recelo. A medio camino de la displicencia y el cariño compasivo es el trato recibido por el españolito medio en el mundo. Los españolitos viajeros, sí, la gente que viaja este verano por Europa y América está siendo testigo de este trato, en realidad, de este cambio de trato. La España moderna de la Transición, que era vista como modelo de prudencia y buenas maneras democráticas, ha desaparecido. La España de Aznar, amiga de Estados Unidos e Inglaterra, que era vista con envidia por media Europa, es cada vez más añorada.

Los ritmos vertiginosos impuestos por Zapatero a sus "políticas" contra Occidente son percibidos con nitidez no sólo por los gobiernos sino también por las sociedades. Las rupturas impuestas por Zapatero con Occidente ya han hecho mella en las poblaciones de las democracias occidentales. El peligro de ruptura, de discontinuidad, de la democracia española empieza a ser visto con claridad por las sociedades democráticas no tanto porque el Gobierno sea autoritario, sino porque es incompetente. Una desgracia para el desarrollo de una sociedad libre. Una desgracia, sí, que hace sentir vergüenza a los españoles de bien en el mundo entero.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.