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Campaña del referéndum

ZP de carnaval

La campaña de ZP a favor del referéndum consultivo sobre el Tratado de la UE es una carnavalada. Si ya la manera de plantearlo fue ridícula, sacar pecho frente a las patochadas populistas y reaccionarias que ha cometido con el socio más importante que España ha tenido en toda su historia, EEUU; la campaña que ha iniciado a favor del sí más parece una conspiración para arruinar las buenas formas, que deben imperar en una democracia avanzada a la hora de la discusión, que un atractivo y sugerente discurso sobre las bondades de Europa para España.
 
En vez de contribuir a crear un cierto espíritu colectivo de ilusión a favor de Europa, ya que la Oposición, el PP, está de acuerdo con el Gobierno en votar que sí, ZP se esconde detrás de la peor máscara que uno pudiera imaginarse a las alturas de esa película, y convierte este bodrio consultivo en una carnavalada impropia de un país democrático. ZP se ha disfrazado, como si de unas elecciones a cara de perro se tratara, de tierno corderito asustado por el lobo de Rajoy. ¡Pobre mentiroso! Porque no sabe qué decir sobre sus socios de Gobierno que votarán que no, cree que la mejor forma de ganar votos para su coleto es insultar a la Iglesia y criticar con villanía al PP. El nieto del capitán Lozano, ZP, como si se tratara de los tiempos de su abuelo, la Segunda República y la Guerra (in) Civil española, saca sus peores maneras para decirnos que el PP y la Iglesia lo engañan. Hay que ser poca cosa, vamos tener poca o nula autoridad moral y política, para arremeter contra el PP, o contra la Iglesia, porque no defienden con brío el sí al Tratado de la UE.
 
La verdad es que ZP planteó este referéndum, como si viviéramos en una dictadura tipo venezolana, de modo plebiscitario hacia su persona. Con este referéndum, aparte de otros objetivos inconfesables, sólo quería conseguir un poco de legitimidad “carismática”, pues ya la democrática hace tiempo que la olvidó, para seguir imponiendo de modo arbitrario unas políticas tan antidemocráticas como carentes de eficacia. Pero hete aquí que las encuestas y previsiones sobre el referéndum no traen nada bueno para ZP. Los nervios lo tienen atenazado y rompe por el sitio más sencillo: crítica a quienes votan sí, el PP, y a quienes dejan libertad de voto. ¡Pobre hombre, pobres españoles y, sobre todo, pobres socialistas!
 
Es cierto que la abstención masiva, demasiados ciudadanos favorables al no y, sobre todo, una campaña llena de reflexión y matización –no todo iba ser incultura y pereza mental a la manera de los del Río- por parte del PP, y también de otros cientos de asociaciones ciudadanas y algunos medios de comunicación, tienen que poner nervioso a ZP, pero es, precisamente, en esas circunstancias donde un político tiene que mostrar su inteligencia y no su mala baba, su resistencia y no su travestismo ideológico, en fin, su nobleza y no su estulticia. El desprecio, pues, que ZP ha dirigido al PP por defender un sí al Tratado de la UE con argumentos nacionales es toda una prueba, por si alguien aún no se hubiera percatado de tal asunto, del poco fuste ideológico que tiene este Gobierno.