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GOP

Pero, ¿no estaban muertos?

Cuando hace un año Barack Obama ganó las elecciones presidenciales de los Estados Unidos muchos dieron por muerto al Partido Republicano y, especialmente, a su base conservadora. Aquellos que la progresía definió como "malvados" conservadores estaban ya muertos: habían sido fulminados por el ángel de luz llamado Obama. Culpar a Bush de todo y de más era entonces la moda bajo la enorme sombra del nuevo presidente, el mismo que –como aseguraba en sus discursos– iba a sanar el mundo y hasta elevar las aguas de los océanos. Cuando hace diez meses Obama fue inaugurado oficialmente como presidente, aquí ya apuntamos que la izquierda había llegado a la Casa Blanca. Y así fue. Afortunadamente, los norteamericanos han tardado poco en darse cuenta de ello. Las elecciones estatales y locales de esta pasado martes en varios lugares de Estados Unidos son clara prueba de ello.

Quienes juzgaban que el conservadurismo norteamericano y la era de los Barry Goldwater y Ronald Reagan había pasado ya a la historia gracias al "cambio" de Obama, tienen en estas elecciones una prueba de que tal no es el caso. Más bien, resulta ser todo lo contrario. Porque la hipnosis colectiva en la que sumió Obama a tantos, incluidos los carcamales de la derecha idiota en este país –y no digamos ya en España–, parece haber perdido ya su efecto. Los sendos y contundentes triunfos electorales de los aspirantes republicanos a gobernadores en Virginia y en New Jersey, además de otras varias plazas locales y estatales, desmontan de cuajo los falaces argumentos de la Casa Blanca sobre el famoso "cambio" y el fin del conservadurismo.

La importante votación en el estado de Maine, que negó mayoritariamente la legalización del "matrimonio" homosexual (tal y como ha venido ocurriendo una y otra vez en otros estados como California), confirma que Estados Unidos sigue siendo ideológicamente un país predominantemente conservador. Los estadounidenses votaron este lunes contra la Obamérica de los tres millones y medio de puestos de trabajo perdidos, contra el déficit del billón y medio de dólares, contra los doce billones de deuda nacional, contra el gran gobierno, contra la subida de impuestos y contra el intento de socializar esta gran nación. Dos días después de esas elecciones, en un jueves laboral y sin apenas tiempo para organizar la marcha, unos 40.000 estadounidenses se presentaron ante el Congreso en Washington para exigir a sus congresistas bajo el grito de "Kill the Bill", que maten la basura de ley sanitaria que propone Nancy Pelosi bajo las órdenes de Obama.

En todos los lugares donde el presidente hizo campaña para un candidato demócrata, éste perdió la elección. Pero la Casa Blanca y otros líderes como Pelosi o Reid pretenden negar la realidad y contar otra historia. Se agarran a las fallidas "exit polls" (¿recuerdan el fiasco con John F. Kerry?) o al caso de la plaza de congresista del distrito 23 del norte de Nueva York. También aquí, los conservadores obtuvieron una victoria, no en su candidato Hoffman, sino en el hecho de que acabaron haciendo salirse de la elección a la candidata oficialista del dormido GOP, Dede Scozzafava. Y acertaron. Porque la tal Dede era una progre vestida de republicana que acabó luego apoyando al candidato del Partido Demócrata en lugar de al conservador.

Lo que todo esto muestra es que si el GOP quiere obtener más victorias en 2010 y preparar el camino para las presidenciales de 2012, debe tomar nota de eso y escuchar a su base conservadora; debe acabar con los políticos sin principios que hoy se camuflan entre las filas del GOP. Fue precisamente por culpa de esos mismos moderados y centristas por lo que muchos votantes conservadores se quedaron en casa hace un año y no quisieron votar por John McCain. El ejemplo de Nueva York sirve para las intermedias de 2010, cuando el GOP haría bien en apoyar a candidatos como el conservador Marco Rubio y no a oportunistas como Charles Christie de cara a la candidatura senatorial por Florida.

Estas elecciones, además, confirman el descalabro interno existente en el Partido Demócrata que ve como muchos de sus congresistas no se fían ya de Obama. La aprobación popular del presidente ha descendido más rápidamente que la de ningún otro presidente anterior, incluido Carter (que ya es decir). En la Cámara de Representantes corren serio peligro unos veinticuatro escaños demócratas y, por vez primera en este ciclo electoral, hay varios senadores demócratas en serio peligro de no ser reelegidos. Este particular importa porque de seguir la tendencia, varios son los senadores demócratas que en 2010 pueden perder la elección a favor de un republicano: Harry Reid de Nevada, Michael Bennet de Colorado, Blanche Lincoln de Luisiana, Christopher Dodd de Connecticut, el tránsfuga Arlen Specter de Pennsylvania, además del puesto de senador vacante por el vicepresidente Joe Biden en Delaware y del de Obama en Illinois, bastante mal parado tras el ridículo del caso Blagojevich-Burris en Illinois.

Dicen que la historia suele repetirse. La última vez que los estados de Virginia y New Jersey presenciaron la derrota de gobernadores demócratas a favor de dos republicanos tuvo lugar en 1993, justo un año antes de 1994, el mismo año en que los conservadores republicanos recuperaron las mayorías en el Congreso y fueron capaces de lanzar una nueva revolución americana bajo el "Contrato con América" de Newt Gingrich. La gran lección hoy es que, contra lo que entonces se hizo bajo Clinton, estamos ahora ante un Obama que seguirá intentando promover una agenda de ingeniería social altamente tóxica para Estados Unidos.

Llegados aquí, no caben ya complejos en el GOP. La hoja de ruta marcada por el conservador Bob McDonnell en Virginia y también en parte por Chris Christie en New Jersey constituyen buenos ejemplos a seguir. Mientras acaban de salir a la luz once vídeos más del adoctrinamiento obamita a los niños en las escuelas o mientras Obama sigue todavía culpando a Bush de todo (no se extrañen si también algún medio lo culpa de la matanza de este jueves en Fort Hood, Texas...), los conservadores deben aspirar a recuperar el Congreso en 2010 y a ganar la presidencia en 2012. O sea que de conservadores muertos, nada de nada.

Alberto Acereda es catedrático universitario en Estados Unidos y miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, correspondiente de la Real Academia Española.

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