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La importancia de los símbolos

Dar el derecho a tener ese símbolo a una comunidad religiosa que no condena los actos bárbaros terroristas no es tolerancia ni libertad, es renunciar negligentemente a defender esos derechos y por tanto es un paso en su desaparición.

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Todas las culturas y regímenes políticos han marcado el lugar de sus victorias con el símbolo por excelencia de su civilización: el islam incluido. No es extraño que una religión política con el mandato imperial de crear el califato universal quiera construir una mezquita en uno de los edificios dañados por los atentados del 11-S. Su promotor ha declinado calificar a Hamas de organización terrorista. Solo después de insistir, su página web ha publicado una condena de los atentados a civiles, pero muchos imanes consideran no civiles a todo aquel con edad de votar. Y para no condenar a Hamas tiene sus razones; es seguro que los cien millones de dólares recaudados casi inmediatamente en todo el mundo musulmán no han sido para crear una mezquita en un centro dedicado a la hermandad universal.

Esa mezquita es un símbolo, ¿de qué? El ser humano es social y su lugar en el mundo es definido mediante símbolos. Los símbolos son como puntos de referencia física y mental que le ligan con los demás. Debemos agradecer al reduccionismo de las ciencias duras la incapacidad para comprender el significado de los símbolos religiosos y políticos y, por tanto su periódica desaparición y reconstrucción maligna en forma de dictaduras, ideologías y totalitarismos, con la consecuente pérdida de los derechos y libertades. Sólo ha sido posible recuperarlos después de guerras, incluso mundiales.

Un síntoma de ese empobrecimiento es, por un lado, la incomprensión a la hora de entender lo que es la mezquita del 11-S para los musulmanes, a saber, un símbolo de victoria. Otro, la tragedia que supone la práctica desaparición de los símbolos de lo que desde la antigüedad son características elevadas del ser humano: tenemos símbolos sexuales (Marilyn Monroe entre otros) o símbolos de riqueza (elija usted mismo) o de maldad (Hitler), de diversidad (la víbora cornuda, videos de ballenas cantarinas)... pero no tenemos símbolos de virtud, valentía u honradez o paciencia, por ejemplo. Podríamos decir que tenemos símbolos de libertad en personas que dieron discursos a favor de ésta (como lo es para muchos ZP), pero no se acepta como símbolos a aquellos que la defendieron con su vida.

Tenemos símbolos de tolerancia: la mezquita de la zona cero pretende serlo. Pero no hay tal símbolo para orientar el musulmán. Eso lleva a contemplar con estupor la argumentación técnica, reduccionista y casi geométrica con la que algunos afrontan el derecho del islam a tener su mezquita en la zona cero. No sólo no entienden que la simple reconvención moral no exorciza la construcción de un símbolo de victoria para el islam extremista que va a mostrar a los pocos moderados quién manda, sino que dan por sentado que los derechos, la libertad religiosa por ejemplo, son un dato de la naturaleza, y no algo que hay que defender contra aquellos que quieren destruirlos.

Dar el derecho a tener ese símbolo a una comunidad religiosa que no condena los actos bárbaros terroristas no es tolerancia ni libertad, es renunciar negligentemente a defender esos derechos y por tanto es un paso en su desaparición.

Alberto Gómez Corona es físico y creador de varios blogs sobre evolucionismo, como La nueva Ilustración evolucionistaPsicología evolucionista y Darwinismo Conservador.

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