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La OTAN de Chirac y la carabina de Ambrosio

Cuentan de un tal Ambrosio que su carabina estaba cargada de cañamones y disparaba sin pólvora Por eso se denomina así a todo objeto, dicho o persona inútil, según aclara José María Iribarren en su estupendo El porqué de los dichos.

El presidente francés, Chirac, más conocido como “el rey Jacques”, acaba de dotar a su país y a tres otros Estados acompañantes (Alemania, Bélgica y Luxemburgo) de una organización semejante a la carabina del tal Ambrosio. Se trataría de improvisar una OTAN a su imagen y semejanza, dado que la actual le queda pequeña.

La reunión celebrada días pasados en Bruselas para lanzar esta Alianza Atlántica de diseño se convirtió en una partida de parchís. Como suele ocurrir en casos semejantes, la grandilocuencia gala parió un ratoncillo ralo con el nombre nada baladí de “Unión Europea de Seguridad y Defensa”, toma ya.

El mero hecho de que uno de los países fundadores de ese pestiño sea Luxemburgo, cuyo ejército debe constar de tres cabos primeros, un corneta y un sargento chusquero, ilustra bastante el futuro de esta organización que desea convertirse nada menos que en el “pilar europeo de la OTAN”, una hipócrita expresión en boca de un tipo como Chirac a quien la Alianza Atlántica le da cien patadas y cuyo país no está integrado en la estructura militar, en una prueba suplementaria de incongruencia.

Ninguno de los países nuevos o viejos de Europa se ha unido a este disparate inspirado desde el Elíseo y saludado por Tony Blair como una estupidez y una pérdida de tiempo. Ni Italia, Holanda, Portugal, Polonia, Chequia, o Hungría, ni por supuesto España, han tenido la humorada de asistir al acto fundacional de esa tontería. Ni siquiera Javier Solana se unió al lanzamiento, pese a que se encarga de la seguridad y la política exterior de la UE: por algo será.

Dado el aspecto cómico de la iniciativa no se excluye que en el futuro Andorra, San Marino, Mónaco y el Peñón de Gibraltar pidan su adhesión. Hay grandes posibilidades de que el secretario general del nuevo ente sea Joska Fischer, el verde pacifista y anti-atlantista, una joya.

Hace unas horas en Madrid el secretario de Estado americano, Collin Powell, comentando la última memez del “rey Jacques” dijo algo bastante sensato: “lo que necesitamos todos en la OTAN no son nuevas sedes ni nuevos proyectos sino más capacidades defensivas y superar el atraso tecnológico que separa a Estados Unidos y Europa”. Ahí está la madre del cordero: Europea sufre un preocupante “gap” tecnológico en materia defensiva, y sólo la gestión conjunta de la fabricación y compra de armas puede paliar esta situación.

El problema no se arregla solapando o inventando instituciones, doblando organismos, o repitiendo hasta la saciedad una retórica tan infantil como inservible sobre una defensa autónoma. Si Europa quiere tener su propia defensa y no depender del amigo americano hasta para trasladar sus tropas y localizar sus contingentes, debe gastar más y mejor sus muy limitados recursos.

La política francesa es un ejemplo de lo que los europeos no pueden ni deben hacer: oponerse en orden disperso a Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido para después terminar firmando acuerdos de colaboración y entendimiento con la Rusia de Putin, como sugirió hace días en Moscú la ministra gala de Defensa Alliot-Marie.

Con tales promotores, la OTAN de Chirac tiene menos futuro que la carabina del tal Ambrosio. Afortunadamente.