
Por más que la responsabilidad principal recaiga en el Banco Central Europeo, que por otra parte seguía la política de dinero barato de la Reserva Federal, es evidente que en la formación de la burbuja hemos participados todos los agentes económicos.
Para explicarlo es necesario dar, nuevamente, algunos datos que relacionan el crecimiento real de la economía española desde 1998, el año de entrada en el euro, hasta 2008, con el crecimiento monetario, es decir, teniendo en cuenta la inflación acumulada en esos años medida por el IPC, y con el desarrollo de una burbuja crediticia que en España ha financiado, además, una burbuja inmobiliaria.
En 1998 nuestro PIB era de 490.000 millones de euros; en 2008 alcanzó algo más de 1 billón de euros. Sin inflación, el PIB de 2008 habría sido de 700.000 millones de euros. Por su parte, el activo de las entidades financieras monetarias españolas pasó de 1,06 billones de euros en 1998 a 3,2 billones de euros en 2008. Un crecimiento del 311% en diez años. En 1998, los activos del sistema financiero suponían el 220% del PIB de ese año, en 2008, alcanzaron el 305%. Esa diferencia puede aproximarnos al tamaño de la burbuja crediticia en España, que sólo se explica por el aumento del precio de los activos –por encima de los IPC anuales– y quizá por una mayor monetización del conjunto de la economía.
Para lo bueno y para lo malo, esta evolución se explica por el cambio que supuso para España la entrada en el euro. En 1996, apenas dos años antes de esa integración, los tipos de interés de créditos y préstamos en España fluctuaban entre el 8% y el 12% y eran positivos en términos reales. En 2000, a los dos años de entrar en el euro, los tipos estaban en torno al 4% y eran, en muchos casos, negativos, situación que se agravó posteriormente, al mantener el BCE tipos de interés a corto muy bajos y no poder España reducir su tasa de inflación por debajo de la del promedio de los miembros de la Unión Monetaria.
A esos tipos de interés casi cualquier inversión en vivienda, otro tipo de inmuebles, ampliaciones de capacidad industrial o de servicios, era rentable. El "shock de oferta" que simplificaron los tipos de interés reales negativos mantenidos casi permanentemente durante casi diez años en España, propició una expansión crediticia y una burbuja inmobiliaria. Y simultáneamente, una enorme creación de empleo, que atrajo a cerca de 5 millones de inmigrantes, si bien el empleo se concentró en actividades poco productivas, por lo que la economía española creció cuantitativamente, pero no analíticamente. De hecho, la productividad ha estado creciendo hasta finales de 2008 a un ritmo inferior al 1% anual.
Por más que la responsabilidad principal recaiga en el Banco Central Europeo, que por otra parte seguía la política de dinero barato de la Reserva Federal, es evidente que en la formación de la burbuja hemos participados todos los agentes económicos.
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