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Educación pública

Adiós al mayo del 68

El mayo del 68 llega a España coincidiendo con la dictadura de Franco. Muchos estudiantes, profesores y futuros profesores se unen a esta tendencia cultural importada de Francia que proponía un mensaje libertario, de anti-autoritarismo, modernidad y espontaneidad, rechazando la moral heredada y, con ella, el sistema educativo.

En España, el espíritu del mayo francés se asoció a la lucha anti-franquista, de tal forma que las reformas educativas que quisieran democratizar la escuela vendrían necesariamente de las ideas sesentayochistas. Esto implicó que la disciplina, hasta entonces condición necesaria de toda instrucción pública, se confundiera con la falta de libertad; la autoridad del profesor, con el autoritarismo; y el rigor académico, con atraso cultural.

El triunfo de los pedagogos que defienden que la instrucción, el estudio, la memoria y el cálculo aplastan la personalidad del alumno y que éste sólo aprende si se le motiva y se le deja desarrollar espontáneamente, explica que hoy los estudiantes de 12 años tengan problemas a la hora de leer, escribir y calcular.

El anti-autoritarismo que blande dogmáticamente la izquierda educativa posterior al mayo del 68 explica, por un lado, la frustración de los profesores y el clima de indisciplina que desde hace años impide aprender a quienes más necesitan de la escuela y, por otro, que con mayor frecuencia los institutos parezcan guarderías y, las universidades, institutos.

El fracasado sistema educativo de la LOGSE, es decir, del sistema constructivista y sesentayochista, nunca se habría implementado de no ser por esos políticos que le dieron el poder a los pedagogos y a los sindicatos de profesores. Incluso algunos políticos conservadores como De Gaulle, que decidió dar por perdida la batalla de las ideas ante la izquierda, son los responsables del poder hegemónico que durante tantos años han gozado, al margen de las urnas, las clientelas de la utopía, utilizando una expresión de Mercedes Rosúa.

Frente al derrotismo ideológico, Nicolas Sarkozy concurrió a las elecciones francesas proclamándose no conservador pero sí "de derechas", proponiendo romper definitivamente con la herencia de mayo del 68. Tras ganar las elecciones, con una altísima participación, proclamó lo siguiente:

Hemos derrotado la frivolidad y la hipocresía de los intelectuales progresistas. El pensamiento único es el del que lo sabe todo y que condena la política mientras la practica. No vamos a permitir un mundo mercantilizado en el que no quede lugar para la cultura. Desde 1968 no se podía hablar de moral. Nos habían impuesto el relativismo. La idea de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos estudiantes.

Nos hicieron creer que la víctima cuenta menos que el delincuente. Que la autoridad estaba muerta, que las buenas maneras habían terminado. Que no había nada sagrado, nada admirable. Era el eslogan de mayo del 68 en las paredes de la Sorbona: "Vivir sin obligaciones y gozar sin trabas".

Quisieron terminar con la escuela de la excelencia y del civismo. Asesinaron los escrúpulos y la ética. Una izquierda hipócrita que permitía indemnizaciones millonarias a los grandes directivos y el triunfo del depredador sobre el emprendedor. Esa izquierda está en la política, en los medios de comunicación, en la economía. Le ha tomado el gusto al poder. La crisis de la cultura del trabajo es una crisis moral. Voy a rehabilitar el trabajo. Dejaron sin poder a las fuerzas del orden y crearon una frase: "Se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud". Los vándalos son buenos y la policía es mala. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente, inocente.

Defienden los servicios públicos, pero jamás usan un transporte colectivo. Aman tanto la escuela pública, pero sus hijos estudian en colegios privados. Dicen adorar la periferia y jamás viven en ella. Firman peticiones cuando se expulsa a algún okupa, pero no aceptan que se instalen en su casa. Esa izquierda que desde mayo del 68 ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que atiza el odio a la familia, a la sociedad y a la República. Esto no puede ser perpetuado en un país como Francia y por eso estoy aquí. No podemos inventar impuestos para estimular al que cobra del Estado sin trabajar. Quiero crear una ciudadanía de deberes.

España tiene la tarea pendiente de tomar el camino que está siguiendo Francia y que se inició en el Reino Unido con Margaret Thatcher: acabar con un sistema educativo que lleva treinta años condenando al fracaso a miles de estudiantes y –como ocurre cuando uno se pierde en un laberinto– deshacer lo andado, volver atrás y buscar nuevos caminos.

Para ello hay que plantar cara al igualitarismo que ha impuesto el PSOE en el sistema educativo español y decir adiós a los dogmas pedagógicos heredados del mayo del 68. Adiós a no poder tener unos planes de estudio sensatos en materias como las Humanidades, con menos charlatanería pedagógica y manipulación nacionalista. Adiós al llamado "derecho de huelga de estudiantes" que ha reconocido, de forma insólita, la Ley de Educación de Zapatero para los chicos de catorce, quince o dieciséis años, quienes podrán quedarse en casa y faltar al colegio en vez de ir a clase, gracias a la irresponsabilidad de los políticos progres. Adiós a que las fuerzas de seguridad tengan prohibida la entrada en las universidades públicas cuando jóvenes de extrema izquierda agreden e insultan a quienes ejercen su libertad de expresión, como Josep Piqué, Dolors Nadal, Rosa Díez o María San Gil. Adiós la indisciplina, a la violencia en las escuelas y a profesores sin autoridad ni legal ni moral. Estamos por la vuelta del respeto a la escuela, del rigor académico y de la excelencia que nunca debieron traicionarse: digamos de una vez adiós al mayo del 68.

Álvaro Pérez Fernández es presidente de la Unión Democrática de Estudiantes, miembro del Claustro de la Universidad Autónoma de Madrid, consejero del Consejo Escolar del Estado y autor del blog Cien Mil Objeciones.

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