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La lengua viva

Avisos, carteles y rótulos comerciales

Un curioso libertario, oculto bajo el nick de System Administrator, me comunica que tiene una colección curiosa de rótulos callejeros. Me envía algunos para el goce de todos los libertarios:

  • "No orinar como animales. Al menos respeten autoridades" (Aviso en el Ayuntamiento de Oyantaitambo, Valle Sagrado, Perú).
  • "El alcohol con el timón garantiza la infracción" (Aviso en el puerto deportivo de Cozumel, México).

Nuestro coleccionista de avisos recoge también el de una playa de las islas Lofoten (Noruega), que es una reserva natural. En lugar del típico "prohibido acampar", el civilizado aviso se redacta así: "Bienvenido a esta playa, reserva natural protegida. Tras una breve pausa, le deseamos un buen viaje".

Luis Argüello recuerda algunos de los mensajes sonoros con los que nos obsequia Iberia. Tras el aterrizaje, los pasajeros deben permanecer en sus asientos "hasta que el avión haya parado completamente sus motores y las puertas hayan sido abiertas". Comenta con ironía don Luis que "no sabía que se pudieran parar los motores no completamente y, sin embargo, estuviesen parados". La propuesta de don Luis es que digan que "los pasajeros se sienten hasta que abramos las puertas". Tiene razón, pues los pasajeros no saben juzgar cuándo se han parado los motores.

En cuanto a los avisos impresos, don Luis observa que en algunos restaurantes de Las Palmas de Gran Canaria la carta ofrece "pescado rebosado" y comenta: "Debe de ser, creo, una ración enorme hasta exceder de los límites del plato".

Miguel Ángel de Toro López-Pazo (Guayaquil, Ecuador) recoge este rótulo en un comercio de Quito: "Maestro Pintor, se pintan casas a domicilio". Comenta don Miguel Ángel: "Bien cómodo no tener que llevar el chalet a su taller, ¿no le parece?".

Álvaro Vivar (Madrid) critica la decisión de la Telefónica de llamar a su nueva compañía de distribución "Te abla". Don Álvaro entiende que quizá esa nuevo verbo, ablar, se corresponda con la ablación o extirpación por excelencia, que es la del clítoris. Me uno al desagrado que suscita el nuevo rótulo comercial de la Telefónica. También las empresas pueden deseducar.

José Ignacio Pereda Pazos recuerda las veces que ha visto "carteles en puertas de comercios en los que se oferta trabajo a personas de ambos sexos". Es evidente que no quieren decir que se rechaza la solicitud de las personas en las que predomina un solo sexo.

Agustín Fuentes, que todo lo observa, me señala la estupefacción en la que se sume con el repetido marbete de "Peluquería unisex". No hay más que ver –dice don Agustín– los tocados tan distintos según el sexo de los clientes de esas peluquerías. En todo caso don Agustín sostiene que habría que poner "Peluquería bisex", puesto que se acicalan las cabezas tanto de varones como de mujeres. Me parece un buen acuerdo.

Sigue la racha de las sugerencias para componer un vocabulario deonomástico comercial, esto es, el de los nombres comunes que provienen de marcas comerciales. Así, Pedro Manuel Arauz Manzanares sugiere gorilas (= zapatos robustos), derivados de la marca Gorila.

El infatigable José Mª Navia-Osorio añade dos nombres derivados de marcas comerciales:

  • rímel (= de la marca Rimel): perfilador de ojos
  • túper (= de la marca Tupperware): recipientes de plástico para conservar alimentos.