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La lengua viva

El dominio de las palabras

María Izaguirre Liniers (Madrid) quiere saber si existe una palabra para designar la situación en la que los padres pierden a un hijo. Sería algo así como el equivalente de huérfano (= el que pierde a los padres) o viudo (= el que pierde al cónyuge). No me lo había planteado, pero es curioso que no tengamos palabra para designar la situación de los padres que pierden a un hijo. Quizá haya que reivindicar el sentido primigenio de huérfano (= privado de un ser querido, sean los padres o los hijos). Es decir, la orfandad se refiere a la privación de algo muy sentido, de cariño, no solo la de los padres. Por muy triste que sea la pérdida de los padres, esa sensación es mucho más cruel cuando se trata de la privación de un hijo.

Daniel Colomar Dugo cuenta de un amigo que llama a su mujer "la enemiga" o "la maquinita de reñir". También se utilizan estas alusiones "la parte contratante" o "la abajo firmante", naturalmente asimilables al esposo. Don Daniel añade un par de agravios muy justificados:

Aprovecho este "emilio" para rogarle que se haga eco de dos reivindicaciones lingüísticas. A saber, estoy hartísimo de que se nos deje a los andaluces como catetos o malhablados cuando no es así, cuado nuestro uso de la gramática sintáctica es muy superior a la mayoría de hablantes españoles y cuando nuestro vocabulario es bastante más rico que en la mayoría de zonas y más cuando las críticas vienen de gente que comete errores (estos sí que lo son) tan chirriantes como la dichosa ese final del pretérito indefinido o perfecto simple. Aderezado todo esto, con el orgullo que solemos mostrar de hablar español.

La segunda reivindicación es el maldito uso de la preposición "a" para todo, como influencia (no entiendo muy bien por qué) del francés. Como por ejemplo: "Bicicletas a motor" que he leído en un periódico de divulgación nacional, supongo que si adoptamos esa influencia francesa, habrá que hacerlo bien y adoptar también la tilde invertida. "bicicletas à motor".

Iñigo Benjumea de la Cova (Osuna, Sevilla) me recuerda que trasijado no es más que "tener los ijares hundidos". Los ijares son las partes blandas entre el final del costillar y el principio de la cadera. Añado que bien trasijado parecía el famoso terrorista De Juana en la foto que se hizo cuando su publicitada huelga de hambre.

Jaime Lerner (Tel Aviv, Israel) recuerda que, de chaval, aprendió en Buenos Aires que "trasegar" no era solo trasvasar vino de una cuba a otra, sino beberlo en generosas cantidades. Está claro lo que tantas veces se documenta en este corrillo, que dominar un idioma es percatarse de que las palabras tienen diversos significados y matices. Las palabras se hicieron para los hombres, no los hombres para las palabras, fuera del caso de los charlatanes de todas las profesiones.

Pedro Morales Moya precisa: "El quicio no es la parte vertical por donde gira una puerta, sino el orificio donde se apoyaba el quicial de las puertas. El quicio y el quicial han sido sustituidos por las bisagras."

A propósito del biquini (que no quiere decir "dos piezas"), Alberto Bernaldo de Quirós advierte que el tradicional "traje de baño" es mucho más elegante que el "biquini". No le gusta a don Alberto lo de "bañador". Recuerda el razonamiento de Alfonso Ussía: "Tengo un bañador rojo podría entenderse como que el criado que me baña es marxista". Remacha don Alberto, "de los pocos que van quedando, tanto marxistas como criados". De paso recuerdo que la almendra del humor está en la polisemia de algunas palabras.

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